Marcial Maciel, becario de la impunidad

FOTO: María Dipaola/Cuartoscuro.com
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Aparte de la deuda histórica que nuestro país mantiene con quienes han sido víctimas del Estado mexicano, que han sido pisoteados en sus derechos humanos, mexicanos cuyas vidas han sido transformadas en medio de la tragedia que vivimos ante un sistema donde la justicia se aplica a discreción y para el beneficio de unos cuantos; existe también una deuda que el nuevo Gobierno de México no debe olvidar: mexicanos que han sido víctimas de curas pederastas encubiertos por autoridades de nuestro país y por la alta jerarquía eclesiástica, que han hecho caso omiso de denuncias interpuestas en contra de estos criminales con sotana por décadas.

Y es que estos depredadores sexuales, que forman parte del clero de nuestro país, que tejen vínculos con las más altas esferas políticas, mediáticas y empresariales de México, que esquivan la acción de la justicia gracias a la protección de estos, terminan sus días en la comodidad de sus aposentos, sin castigo, en medio de una brutal impunidad, mientras sus víctimas viven, calladamente muchos, bajo el estigma que les significa haber sido abusados sexualmente por quienes se dicen representantes de la Iglesia.

Hace unos días, el diario español El País, dio a conocer un reportaje donde detalla que el Vaticano tenía en su poder desde 1943, documentos sobre la conducta del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. El cardenal João Braz de Avis, alto jerarca de la curia romana, declaró que el Vaticano encubrió la pederastia de Maciel, durante 63 años.

Braz de Avis, prefecto de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada, reconoció en una entrevista para la revista católica “Vida Nueva”, que la Santa Sede tenía conocimiento desde hace décadas de las actividades delictivas del sacerdote Marcial Maciel, considerado como el mayor depredador sexual en la historia reciente de la Iglesia Católica.

El periodista mexicano Raúl Olmos, da cuenta en su libro “El imperio financiero de los Legionarios de Cristo”, cómo el fundador de la orden religiosa, Marcial Maciel, creó una auténtica mafia financiera bajo el amparo de los más altos jerarcas católicos. Olmos, detalla, cómo Maciel despojó a viudas de herencias mediante engaños, cómo constituyó decenas de empresas fantasmas entre otros delitos. Tras una rigurosa investigación, el periodista, exhibe con absoluta precisión, a un criminal consumado escondido tras una sotana.

Marcial Maciel, nombrado por el papa Juan Pablo II como “Apóstol de la Juventud”, título que le concedió aun cuando el Sumo Pontífice tenía conocimiento pleno de las aberrantes prácticas del sacerdote, murió sin haber pedido perdón a sus víctimas, una de ellas, Luis de la Isla, quien en 1944, de entonces 13 años de edad, denunció junto a sus padres, el abuso sexual que sufrió en manos “del representante de Dios en la tierra”, mediante una carta dirigida al obispo de Cuernavaca, Francisco González Arias, quien jamás actuó en consecuencia.

El Vaticano ignoró durante sesenta y tres años las denuncias en contra de Marcial Maciel; permitió, durante ese tiempo que su sacerdote destruyera vidas humanas, mientras ocultaba un grueso expediente que detallaba la vida de un crápula, a la par que el Papa de origen polaco promocionaba la orden religiosa fundada por un depredador sexual -que igual violaba a menores de edad, mientras mantenía una doble vida con mujeres y sus hijos, producto de estas relaciones- convirtiéndola en una de las más poderosas del mundo.

El caso de Marcial Maciel, es uno de los más aberrantes que se ha documentado en la historia moderna de la Iglesia Católica, pero también, un caso más, donde un criminal oculto tras una sotana, logró fundar un imperio financiero bajo el cobijo de autoridades eclesiásticas y seculares, como las de México.

La mayoría de estos depredadores sexuales, tienen permiso para destruir vidas, gracias al cobijo que también les otorgan sus estrechas relaciones con personajes clave del poder político y empresarial. Las autoridades mexicanas han sido señaladas por décadas de encubrir a estos miembros de la Iglesia. Archivando denuncias por abuso sexual, haciéndose de la vista gorda ante los delitos de lavado de dinero, evasión fiscal, creación de empresas fantasmas, paraísos fiscales, entre otros delitos, que organizaciones religiosas de todas las denominaciones cometen.

Seguir el hilo de estas investigaciones les significa a las autoridades de México, exhibir a grandes empresarios mexicanos, a reconocidos políticos, al círculo rojo del poder, coludidos hasta las manitas en entramados financieros ilícitos.

Mientras su poderío económico se acreciente, no importa que el fundador de órdenes religiosas, de red de universidades, sea un violador de niños.

Las autoridades mexicanas que hicieron oídos sordos ante denuncias interpuestas por abusos cometidos por Marcial Maciel, no pueden eludir su responsabilidad ante las atrocidades cometidas por el sacerdote en nuestro país.

Esperemos que el nuevo Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no solape, no encubra a nuevos Marciales Macieles. Ojalá que la transformación que pregonan abarque investigar y procesar a sacerdotes que son denunciados ante las autoridades mexicanas. Ojalá que el Gobierno morenista, no archive casos, no cobije a corruptores de menores que maniobran desde los templos.

No solo el Vaticano tiene una deuda con las víctimas de estos monstruos, también el Gobierno mexicano, ojalá que no lo olviden.

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