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Hay artistas que son su leyenda: el domingo 17 de enero de 1960 se encontró el cuerpo de un indigente muerto por un infarto en la calle de Topacio, muy cerca de la “Candelaria de los patos”. Dos días después supieron su nombre: Manuel González Serrano. Tenía 43 años y era autor de más de 500 cuadros y dibujos. Algunos de ellos se exhiben – en el centenario de su nacimiento- en la exposición “Melancolía ” en el Museo Nacional de Arte.

Si Posada hizo la crónica de la ebullición de una época donde pululan calaveras, González Serrano es el cronista del ya no más, del No que a cada instante erosiona al mundo.

Ante la mirada del pintor todo se derrumba: las construcciones del hombre, la esperanza, la vigilia, la carne. A sus pueblos se los come el abandono; a sus mujeres, la proximidad del sepulcro. Las temáticas más notorias de los lienzos y papeles de Manuel González Serrano son el erotismo, el derrumbe, la caí­da, la meticulosa erosión que los dí­as y los años imprimen en las cosas y en los hombres.

Aunque fue un solitario González Serrano compartió con el grupo Contemporáneos  la predilección por ciertos temas: la soledad, la muerte, el sueño. No sólo eso, también el gusto por pintores como Dalí­ y De Chirico cuya influencia, sobre todo de este último, es visible en algunos de sus cuadros.

A lo largo de su vida, González Serrano pintó una serie de autorretratos. Muchos de ellos con el tema del Cristo vencido. Pero sus rostros no son los que recogen las estampas. Aun sin sangre, son más ásperos porque a sus Cristos los crucifica el tiempo. Son Cristos viejos, Cristos que no mueren en el madero sino en el olvido. Dan la impresión de haber sido bajados de la cruz para hacerlos deambular aquí­ o allá con tal de que acumulen años, soledad, olvido.

En uno de sus últimos autorretratos, González Serrano es un hombre envejecido, sin brillo en los ojos y con la mirada perdida. Parece un rostro pintado en una pared que se desmorona. ¿Es el rostro de un fantasma o de una calavera? Lo mismo da. Es el rostro de un hombre que se derrumba, de un artista cuya obra buscó anticipar su futuro de polvo.

 Como sea, Manuel González Serrano, El Hechicero,  es más que una leyenda trágica. Es un gran pintor que gana con el tiempo.

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