Manuel Bartlett, ¿inocente o culpable?

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La semana pasada, antes de que se diera a conocer la investigación sobre las 12 empresas vinculadas, directa o indirectamente, a Manuel Bartlett y que fueron omitidas en su declaración fiscal, patrimonial y de intereses, comentábamos que el presidente López Obrador no se podía dar el lujo de seguir poniendo en juego su valioso capital político en solapar, si así resulta ser el caso, a personajes como Manuel Bartlett, que ya ha sido juzgado por la historia y que no merecería una tercera oportunidad, pues la segunda la había obtenido gracias al pragmatismo inclusivo de Andrés Manuel al colocarlo al frente de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde el inicio de su administración, a pesar de la sorpresa y el rechazo abierto de propios y extraños.

La Secretaría de la Función Pública (SFP), cuya titular, Irma Eréndira Sandoval, se ha autodenominado como “implacable contra la corrupción”, caiga quien caiga y tope a donde tope, tendrá que incluir en la investigación que inició, a raíz de la publicación sobre las múltiples propiedades con valor aproximado de 800 millones de pesos que le atribuyen al director de la CFE, el nuevo escándalo sobre las empresas omitidas.

Esta investigación tendrá que ser totalmente transparente y sin ningún apego a la creencia particular de López Obrador, quien sigue cobijando públicamente, con su manto protector, la inocencia de su amigo y funcionario; de lo contrario, no solo se corre el riesgo de una vulgar comparación con las investigaciones del sexenio pasado por parte de Virgilio Andrade, sino también los preceptos fundamentales sobre corrupción sobre los cuales reposa la cuarta transformación.

De la solidez de la investigación, dependerá la confiabilidad del veredicto, de la propia institución y de quien la encabeza.

Sin embargo, en mi opinión, la separación temporal de Manuel Bartlett mientras dure la investigación contribuiría a la pulcritud y credibilidad del proceso; no sería una muestra de debilidad de la administración, al contrario, sería una acción congruente y responsable ante los hechos.

En lo personal, yo no estuve de acuerdo en la inclusión de Manuel Bartlett en el gabinete ampliado, su participación directa, aunque algunos crean que sea indirecta, en el proceso electoral de 1988 es imperdonable; sin embargo, eso no lo hace culpable de los actos que se le están imputando, aunque en realidad, no me sorprenden.

Lo único que me llamó mucho la atención de la información que está circulando es la sociedad con José Juan Janeiro Rodríguez en la creación de la empresa Digilogics S.A. de C.V., por parte de Julia Abdala, pareja sentimental de Manuel Bartlett.

Janeiro Rodríguez, fue uno de los operadores financieros del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, artífice del esquema de empresas fantasmas con las que se lavaron y desviaron miles de millones de pesos de las arcas del estado.

Su nivel de involucramiento fue tal que la orden de aprehensión en su contra, fue cancelada, luego de que este acordara con la extinta Procuraduría General de la República (PGR) colaborar con información, que fue fundamental para castigar los delitos que se le imputan al exgobernador veracruzano.

El vínculo entre Julia Abdala y Janeiro Rodríguez, además del acta constitutiva, también quedó de manifiesto en la casona ubicada en Lord Byron número 28, en Polanco, en la Ciudad de México, propiedad de la pareja de Bartlett que fue cateada por la PGR en 2016, por ser el despacho de Janeiro.

Como último apunte, cabe recordar que la reciente inhabilitación de 10 años, por parte de la SFP a Rosario Robles -más que merecida-, fue por omisión en su declaración fiscal, patrimonial y de intereses.

Manuel Bartlett, ¿inocente o culpable?, a México le urge saberlo.

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