Los transgénero entran en el parlamento de Tailandia

Tanwarin Sukkhapisit. Foto: Lillian SUWANRUMPHA / AFP
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Maquillada y con pendientes, Tanwarin, una diputada transexual de Tailandia, camina por los pasillos del Parlamento vestida de mujer. Una revolución en este reino con reputación de tolerante pese a que sigue habiendo discriminación contra la comunidad LGTB.

Por primera vez en el país, cuatro transgénero consiguieron escaño en las legislativas de marzo y están autorizados a asistir en falda o pantalón en función del sexo con el que se identifiquen.

El miércoles votaron junto a los 745 parlamentarios para elegir al futuro primer ministro. Su candidato, el líder de Future Forward, el partido opositor por el que se presentaron a las elecciones, perdió en las urnas frente al jefe de la junta militar, Prayut Chan-O-Cha.

Pese a ello, “no estoy aquí como figurante, quiero escribir una nueva página en la historia” de Tailandia, asegura Tanwarin Sukkhapisit, de 45 años, símbolo de una nueva generación de políticos, algunos de ellos homosexuales, que salió de estos comicios.

“Cuando llegué vestida de mujer al Parlamento, hubo debate, a veces virulento, en las redes sociales. Es lo que quiero porque quiero ver emerger una auténtica democracia en mi país”, asegura.

Tanwarin nació en la provincia pobre de Issan y a los 17 años comenzó a vestirse de mujer, pero no quiere que la encasillen en un sexo. “No entro en ninguna de estas casillas. La sociedad no debería imponernos un género”, estima la diputada, cineasta y actriz que está en cartelera con la obra teatral “Trans, I Am” (Trans, yo soy”).

Más tarde se interesó por la política.

Una de sus películas sobre la comunidad LGTB “Insects in the Backyard” (Insectos en el patio), difundida a nivel internacional, fue censurada en Tailandia por “ofensa a la moral”. Fue difundida tras una batalla jurídica de cinco años y la supresión de una escena de desnudo de tres segundos.

“Entendí que no bastaba con hacer películas. Hay que entrar en política para que las leyes cambien”, afirma.

Durante la campaña fue muy criticada y es consciente de que será un camino largo.

Con respecto a otros países, Tailandia tiene fama de ser tolerante con la diversidad sexual y los transgénero aparecen en anuncios publicitarios, películas, portadas de revistas de moda y en un concurso de belleza, Miss Tiffany, que ven cada año millones de telespectadores.

Una integración aparente que oculta una realidad más sombría.

“Suelen ser víctimas de discriminaciones en el empleo, lo que obliga a muchos de ellos a lanzarse en profesiones mal remuneradas”, explica Kyle Knight, experto de Human Rights Watch.

Muchos sufren rechazo familiar y, según varias ONG, trabajan en la industria del sexo, aunque no se dispone de estimaciones oficiales.

En algunos barrios de Bangkok o de Pattaya, estas bailarinas o prostitutas trabajan en condiciones de explotación. Y la sociedad tailandesa todavía usa el término “katoey” (expresión que designa travesti) con un sentido despectivo.

Muchos esperan que la entrada en el Parlamento de Tanwarin y de sus tres colegas suponga un cambio.

“Es una primera etapa, no solo para la comunidad LGTB, sino para los derechos humanos en general”, se congratula Pauline Ngarmpring, primer transgénero en ser candidato al puesto de primer ministro en las últimas elecciones legislativas.

Pauline se llamaba antes Pinit. Es padre de dos hijos y se dio a conocer creando una asociación de aficionados al futbol influyente en el reino.

“Con todo se hicieron progresos”, afirma. “Hay transgéneros trabajando como médicos, empresarios o profesores, pero todavía pocos”, señala.

En el parlamento Tanwarin quiere librar varios combates.

La junta aprobó un texto que, si se adopta, convertirá a Tailandia en el segundo país asiático después de Taiwán en legalizar las bodas entre personas del mismo sexo. La diputada no está conforme porque omite el derecho de adopción.

También quiere permitir el cambio de género en los documentos oficiales y mejorar la educación en los colegios.

(AFP)

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