Los otros evangelios, la otra saga

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Nadie duda que Jesús sea el personaje más famoso de todos los tiempos. Pero también es, me parece, uno de los menos conocidos. Su historia ha dado lugar a cientos de páginas y millones de referencias y también a tantas interpretaciones de su vida y enseñanzas como iglesias se han erigido en su nombre.

Siempre me han sorprendido los “Evangelios Apócrifos” como el de María Magdalena, a quien recordamos como la ramera más famosa de todos los tiempos y no como el personaje más cercano  a Jesús. 

También me ha llamado la atención ese otro Evangelio en el que Jesús siendo niño amasa con lodo una paloma y al terminarla la lanza a volar y esta se incorpora hasta perderse en el horizonte mientras aletea.

¿Y qué decir de ese otro momento, cuando Jesús al enojarse con otro niño, lo mata con solo pronunciar unas palabras?

La novela “La invasión divina”, que podríamos considerar “El evangelio anticipatorio” de Philip K. Dick, es verdaderamente alucinante: Dios fue expulsado de la Tierra por El Adversario y vive exiliado en un planetoide perdido en el espacio.

Solo lo habitan algunos humanos en condiciones terribles, pues viven en unas pequeñas estaciones o cápsulas con alta tecnología pero aislados de todo.

Dios ve en una mujer y en un hombre que viven en esas cápsulas su oportunidad de regresar a la tierra: una mujer virgen con esclerosis múltiple que pierde el cabello a puños y un solitario resignado al aislamiento gracias a la música de una cantante pop.

Dios preña a Rybys, la nueva María, quien emprende el regreso a la Tierra acompañada por Herb con el supuesto propósito de ir a un hospital para despistar al enemigo.

Después de concluir la odisea, Emmanuel nace pero con serios daños cerebrales que le impiden recordar su origen divino. Es un Dios sin memoria. Este niño que habrá de recuperar la memoria gracias a Zina, su otro yo, tendrá como encargo el combatir a Belial.

Philip K. Dick, el escritor desdeñado por la crítica de su tiempo que admiró a los escritores beat, a Joyce y a las ideas políticas de izquierda, murió en 1982.

Sus cuentos y novelas de ciencia ficción donde no existen héroes, sino hombres comunes y máquinas, han replanteado con profundidad y sin pedantería algunas de las preguntas esenciales que todo hombre en algún momento se formula: ¿de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el sentido de la humanidad?

Dick dudó en sus últimos años de la realidad.

No podemos dudar de la realidad de sus novelas donde cada lector podrá encontrar, entre esferas celestes y androides, un terrible espejo de tinta.

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