¡Con los libros no!

Edición 33 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara
- Publicidad -

La semana pasada en este mismo espacio saludamos y reconocimos la importancia del movimiento reivindicatorio de los derechos de las mujeres que actualmente recorre el planeta.

En prácticamente todo el mundo occidental ha venido creciendo una ola en forma de una exigencia social claramente legítima.

En México en particular, mujeres de todas las edades y sectores sociales han decidido dejar de guardar silencio y de soportar abusos. Se movilizan gritando a los cuatro vientos que, a punto de entrar en la segunda década del siglo XXI, es no solo importante sino indispensable que el respeto a los derechos y a la dignidad de las mujeres sean reconocidos y los abusos, acosos, violaciones y feminicidios sean perseguidos y castigados.

La sociedad ha recibido el mensaje y tanto en los medios de comunicación, las redes sociales, en las aulas y centros de trabajo así como en pláticas de todo género se ha reconocido la importancia del problema y la validez de las exigencias para resolverlo. El tema no tiene vuelta atrás.

Las autoridades por su parte han mostrado sensibilidad y empatía, a pesar de que en algunos casos las manifestaciones se han salido del cauce de la civilidad. Sin embargo, es tan evidente la legitimidad de las demandas y el resentimiento reprimido durante tantos años, resultado de siglos de machismo y misoginia, que los reclamos femeninos han sido aceptados y aplaudidos aun en sus expresiones violentas. Se trata de una forma de catarsis necesaria y justificada.

Sumado a lo anterior, en las últimas semanas se ha venido replicando en diversas partes del mundo la representación escénica o performance creado por el colectivo de mujeres chilenas Lastesis que lleva por título Un violador en tu camino”. El tema se ha tornado rápidamente en una suerte de himno en contra de la injusticia y de los inveterados abusos en contra del género femenino.

Grupos de mujeres desde jóvenes adolescentes hasta adultas maduras han hecho suyo el grito: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía… El violador eres tú, el violador eres tú… El Estado opresor es un macho violador…”. Escucharlo realmente eriza la piel ante lo indignante de la realidad que refleja.

Desde Valparaiso, Chile, donde surgió, pasando por las principales ciudades de Latinoamérica y Europa, el grito se ha venido repitiendo y presentando en calles, plazas públicas, universidades y foros políticos y culturales de lo más diverso y desde luego en México también.

La semana pasada, con motivo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, probablemente junto con el Festival Cervantino, uno de los eventos culturales más importantes no solo de México sino de Hispanoamérica entera, un grupo de chicas aprovechó para interpretar a coro el ya famoso cántico de reivindicación femenina.

Tras hacerlo, algunas de las participantes se fueron contra diversos stands de libros que ahí se presentaban, tomaron ejemplares de varios títulos y los quemaron en el corazón de la misma Feria, por contener, a su parecer, posturas ideológicas o doctrinales contrarias a los postulados del movimiento feminista que ellas defienden.

Sin dejar de reconocer la validez de la lucha en pro de los derechos de las mujeres en todo el mundo, es indispensable reconocer también la importancia de la tolerancia, que comienza por el respeto a las formas diversas del pensamiento de cada persona.

La quema de libros ha sido a lo largo de la historia, una de las formas más infames de intolerancia. Lo mismo las promovidas por la Iglesia en sus épocas más obscuras, que las perpetradas por los nazis bajo el régimen de Hitler.

La libre manifestación de las ideas a través de la palabra escrita, es y debe continuar siendo uno de los valores más respetables e importantes de la civilización y de la democracia. Es de desear y recomendar, que las valientes mujeres que hoy se manifiestan en pro de sus derechos elementales y legítimos, no incurran en el extremismo radical que anula el razonamiento y pudiera manchar sus legítimas reivindicaciones.

A quienes cometen faltas en contra de las mujeres hay que denunciarlos, llevarlos ante la justicia y procurar que esta se cumpla. Quemar libros, cualquiera que sea su contenido, no ayuda a la impartición de justicia, es dar pasos hacia atrás en este camino. Los postulados ideológicos de cualquiera género, solo pueden ser vencidos con inteligencia y con argumentos válidos. Nunca con fuego.

¡Con los libros no!

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

Comentarios