“Los gobernadores”, Andrew Paxman, coordinador

Caciques del pasado y del presente

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Somos testigos de una nueva época de corrupción y caciquismo en los estados. Desde los desfalcos de Javier Duarte hasta la mano dura de Rafael Moreno Valle, muchos gobernadores recientes son prueba contundente de contundente de que una mayor democracia electoral no necesariamente se traduce en un mayor Estado de derecho.

Aun la Jefatura de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a pesar de sus logros, fue criticada como autoritaria y tolerante de la venalidad. 

Pero a menudo el poder de los gobernadores ha sido acompañado por abusos de derechos civiles, la violencia represora, un gasto excesivo, una falta de transparencia, la cooptación de la prensa local, el nepotismo, el desvío de fondos y una impunidad general.

Como resultado, tres gobernadores son fugitivos, huyendo de cargos de corrupción; varios han sido sujetos a investigaciones judiciales; y se recuerdan también a otros por apodos como El Góber Precioso o El Góber Balas o por frases como “Los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas” o “Estoy ahorita en plenitud del pinche poder”.

Por medio de doce perfiles, los colaboradores de este tomo (la mitad periodistas, la mitad académicos) señalan las raíces de la conducta caciquil y documentan el modus operandi de varios de los gobernadores “sobresalientes” de nuestros tiempos.

Andrew Paxman (Londres, 1967), tiene una maestría por la Universidad de California, Berkeley, y un doctorado en historia por la Universidad de Texas. Es profesor en la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde imparte clases en histira y periodismo, y es un miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Es coautor de El tigre, Emilia Azcárraga y su imperio Televisa (Grijalbo, 2000/2013), y autor de En busca del señor Jenkins. Dinero, poder y gringofobia en México (CIDE/Debate, 2016).

Coordina los trabajos de: Ryan M. Alexander, Ernesto Aroche Aguilar, Álvaro Arreola Ayala, Lydiette Carrión, José Galindo, Luis de Pablo Hemmeken, Tonatiuh Herrera, Guillermo Osorno, Daniela Pastrana, Jorge Javier Romero, Wilbert Torr y Pablo Vargas González

Fragmento

INTRODUCCIÓN

EN SUS PROPIAS PALABRAS

Empecemos con un pequeño concurso. Se llama “Identifica al gobernador”. Voy a mencionar 10 famosas citas de varios exgobernadores de distintos estados mexicanos. Trate de identificar la fuente. (Las respuestas se indican en la primera nota al final.1)

Primero, una cita fácil de identificar:

1. “Un político pobre es un pobre político” (1969).

Ahora procedemos en orden más o menos cronológico:

2. “Puebla […] era un nido de alacranes y que ahora lo tengo perfectamente controlado. Aquí no hay más voz que la mía” (1939).

3. “Un pinche muerto más o menos no me va a quitar el sueño” (1959).

4. “¿Querían tierra? ¡Échenles hasta que se harten!” (1965).

5. “Mi deseo es morir con un brasier en los ojos y una pantaleta en el corazón” (1984).

6. “Los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas” (1999).

7. “Mi héroe, chingao” (2005).

8. “A mí lo que algunos poquitos dicen me vale madre […] Digan lo que quieran […] ¡Chinguen a su madre!” (2008).

9. “Yo duermo como bebito, como niño” (2009).

10. “Estoy ahorita en plenitud del pinche poder; tengo el gobierno en la mano” (2010).

Bonus:

11. “Sí merezco abundancia, sí merezco abundancia, sí merezco abundancia […]” (entre 2010 y 2016).

Consideradas en conjunto —y se pueden añadir muchísimas más— estas frases conforman un retrato sugerente sobre el comportamiento y la autoestima de muchos de los gobernadores mexicanos desde la Revolución, si no desde antes. Se puede decir que reflejan una mentalidad de gobernar. No es una característica universal; ha habido gobernadores decentes, progresistas o por lo menos bien intencionados. Pero de manera creciente parece ser una mentalidad mayoritaria.

Una de las razones por las que en años recientes la figura del gobernador ha parecido tan autócrata, tan corrupta y, por ende, tan despreciada es la existencia de una cultura política arraigada a nivel estatal, según la cual muchos gobernadores se consideran autorizados a ejercer un poder absoluto y a incurrir en abusos de derechos civiles, violencia represora, gasto excesivo, falta de transparencia, cooptación de la prensa, desvío de fondos, nepotismo, machismo desenfrenado, impunidad y falta de empatía frente a las necesidades y el sufrimiento del pueblo. Varios gobernadores —como se nota por las citas— incluso han hecho alarde de estas cualidades.

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