Y los cómos ¿para cuándo?

Fotos: Cuartoscuro.com
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Los diferentes hasta ahora “pre” candidatos a la Presidencia de la República, y los diversos aspirantes a las gubernaturas que habrán de disputarse, a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, a las diputaciones, senadurías, etc., tienen todos algo que comparten, esto es “el lugar común”.

Sin excepción alguna todos prometen lo mismo desde sus distintas esquinas: seguridad, empleo, fin a la impunidad y a la corrupción en el gobierno, educación de calidad para todos, terminar con la pobreza extrema, respeto a nuestra soberanía y autodeterminación, cuidado del medio ambiente, protección a los migrantes…

Promesas que se suman -como solemos decir los abogados- a una lista enunciativa, más no limitativa, que se basa sin duda en las necesidades que todos los mexicanos conocemos y padecemos.

En tales sentidos todos los aspirantes a un puesto de elección popular son contestes y no discrepan prácticamente en nada.

A todos les/nos preocupa lo mismo. No hay nada nuevo bajo el sol, como dice el Antiguo Testamento.

Las noticias no son las plataformas específicas de los candidatos ni de sus partidos, sino los pleitos y las descalificaciones entre unos y otros, con excepción de AMLO quien se ha constituido en una especie de profeta de la paz y en un nuevo Noé, en cuya arca caben toda clase de especímenes de cualquier origen. Desde dilectos y respetables intelectuales y pensadores profundos, pasando por auténticos luchadores sociales hasta sujetos de la peor ralea que la política mexicana haya conocido.

Morena es la mejor definición de lo que podría ser una “olla de grillos”. Todos tienen cabida en la misma, vengan de donde vengan, sin importar sus antecedentes o historiales, sean estos dignos de enorme reconocimiento o de reprobable trayectoria. Desde expriistas, como el mismo Andrés Manuel, pasando por experredistas -cuyo partido ayudó a fundar- expanistas, ex neo aliancistas, apartidistas y personajes de cualquier otro color o preferencia previa.

Del lado del PAN, el PRD y MC han pretendido juntar el agua con el aceite aunque históricamente sus ideologías y discursos hayan sido completamente divergentes. Todo sea por sacar nuevamente al PRI de Los Pinos y por evitar que López Obrador llegue a ellos.

En el PRI, la fórmula de postular a un candidato “ciudadano” sin un historial de militancia partidista nomás no acaba de cuajarles y los rumores sobre una eventual sustitución del ungido se vuelven cada vez mayores.

Los suspirantes independientes por su parte, no han podido hacerse todavía de las firmas suficientes en la cantidad de estados que la ley les exige, y han sido fuertemente cuestionados ante la sospecha de que más de uno estaría haciendo trampa para conseguir los apoyos requeridos.

AMLO sostiene que si llega a la primera magistratura del país, la corrupción desaparecerá del gobierno y del país, pues el pueblo es honesto por definición.

Difícil explicar por qué el crimen organizado y el que no lo está tanto, campean alegremente por todo el territorio nacional y se multiplica como si de esporas se tratase, si su base es netamente del pueblo. Difícil también de entender por qué cuando fue Jefe de Gobierno del entonces D.F. la corrupción no disminuyó ni mucho menos terminó, si él contaba con la fórmula para acabarla.

Adelanta que bajo su gobierno se construirán refinerías y se cancelará el proyecto del nuevo aeropuerto internacional de la capital de país. No dice sin embargo, de dónde saldría el dinero para ello, ni cuál es el fundamento de su propuesta cuando es por demás sabido que hacer nuevas refinerías no resulta costeable y que dar marcha atrás al proyecto del nuevo aeropuerto costaría al gobierno miles de millones de dólares en indemnizaciones por incumplimiento de contratos.

Anaya, el “pre” candidato del Frente, promete una pensión universal para todos los ciudadanos apuntándose un gol populista propio de un estado benefactor al que le sobraran los recursos, en lugar de hacer propuestas realistas de cómo aumentar la inversión y el empleo productivo.

Meade a su vez, se mete en camisa de once varas, al defender indirectamente a exfuncionarios allegados a él, implicados en procesos legales como Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, y acusar a Javier Corral, actual Gobernador de Chihuahua, de mentiroso y torturador.

En la campaña mediática de Meade se hace alusión a su experiencia como funcionario público pero tampoco se perciben propuestas concretas.

De todos, no se hace uno. Todos señalan, prometen y dicen estar preocupados por lo mismo, pero nadie dice qué hará en concreto para resolver los problemas ni enfrentar los grandes retos que México tendrá ante sí en los próximos años.

¿Qué harán con el problema de las drogas? ¿Alguno de ellos será lo suficientemente valiente para proponer la legalización de las mismas y reconocer que la política de criminalización y prohibicionismo ha sido un fracaso?

¿Alguno tendrá una propuesta sensata para que en un plazo razonable se capacite y certifique a las policías de los estados y municipios de manera confiable, para que en el futuro el ejército y la armada puedan regresar a los cuarteles?

¿Alguien de ellos puede atreverse a proponer una reforma fiscal a fondo que nos proteja suficientemente de los vaivenes de la economía norteamericana y de los caprichos de su actual Presidente?

¿Alguno de los candidatos puede garantizar que en el futuro los gobernadores estatales dejen de ser los señores feudales que disponen de vidas y haciendas y del erario público a su antojo como hasta ahora?

Los qués están muy claros. Los conocemos todos desde hace décadas. Los cómos, sin embargo, son un misterio, pues hasta ahora nadie ha abierto su juego.

Estamos ante una pasarela de “pre” candidatos, en la que hasta ahora lo único que hemos podido percibir y calificar es el nivel de simpatía y de mayor o menor desconfianza que nos inspiran, pero desconocemos sus plataformas de fondo si es que acaso alguno las tiene.

Los ciudadanos debemos exigir que los candidatos nos respeten y no nos traten como a niños de párvulos manipulables a su antojo.

Es hora de hablar y de escuchar sobre el fondo de las cosas.

Necesitamos propuestas concretas que nos permitan distinguir claramente entre unos y otros para que tomemos la decisión de votar por quien realmente nos convenza, algo que pueda traducirse en soluciones concretas y que nos digan cómo pensarían lograrlo.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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