A LOS CANDIDATOS LOS DENUNCIA EL CUERPO

AFP PHOTO / ULISES RUIZ
- Publicidad -

Más allá de quién ganó o perdió el debate, lo importante es saber qué nos dijo la pantalla de televisión de cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República.

Los especialistas dicen que el lenguaje corporal denuncia lo que pretendemos ocultar. Que más del 90% de lo que comunicamos es no verbal y  en el gesto, en el tic, en ese pequeño e ínfimo detalle se desnuda el alma.

Eso es lo que sucedió el pasado domingo cuando Jaime Rodríguez “El Bronco”, Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Margarita Zavala debatieron durante hora y cincuenta minutos.

El evento más importante de la campaña se convirtió, de pronto, en un diván de psiquiatra. No hacía falta que López Obrador hablara para saber cómo se sentía y lo que pensaba.

En varios momentos se tuvo la impresión de querer tirar las hojas que escarbaba para salir corriendo.

La mirada dura, la mandíbula rígida, el rostro levantado a lo Mussolini, delataba, sin piedad, al intolerante. Parecía decirse a sí mismo: “No tengo necesidad de aguantar a estos…”.

Al debate, no llegó el candidato por MORENA a la Presidencia de la República. Quien llegó fue “El Peje”, el que no puede armar dos frases seguidas; el incapaz de innovar a través del análisis porque solo hay capacidad para repetir “primero, los pobres”, “son la mafia del poder”, “me pueden llamar peje, pero no soy lagarto”.

La estrategia de no contestar los ataques lo hizo ver omiso, soberbio, despreciativo e incluso con el peso de los años y la fatiga encima.

Se lo dijo “El Bronco”: “Andrés, debes contestarle al pueblo de México”.

El candidato que va en el primer lugar en las encuestas dejó sin respuesta acusaciones muy graves.

Todos y cada uno de los contendientes lo acusaron de estar vinculado con el crimen organizado, de “juntarse con los malos”, de amnistiar al crimen para beneficiarse, de ser un vividor de la política.

Su respuesta, fue el silencio y su cuerpo fue el que nos dijo todo.

Dejó ver a un resentido que se alimenta de acumular rencor.

¿Qué habrá pensado Bartlett, Gómez Urrutia, Bejarano, Romo, que dan la vida por él y no movió un solo músculo para defenderlos?

López Obrador sabía a lo que iba la noche del debate:  A recoger el odio que, por años, ha sembrado.

Intentó poner la pieza de teatro que durante veinte años ha representado: la pasión de Cristo.

Solo que en esta ocasión, no le salió.

Comentarios