Los bancos británicos, instados a mostrar civismo en esta crisis

Alok Sharma, ministro de Empresas de la Gran Bretaña. Foto: Pippa FOWLES / 10 Downing Street / AFP
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Diez años después de haber sido rescatados de la crisis financiera con dinero de los contribuyentes, los bancos británicos están ahora bajo presión para contribuir al esfuerzo nacional por sostener la economía ante las implacables consecuencias de la pandemia de coronavirus.

El gobierno de Boris Johnson lanzó una clara advertencia el miércoles por la noche, calificando de “inaceptable” que los bancos se negaran a prestar a empresas en dificultades debido a la crisis sanitaria.

“Del mismo modo que el contribuyente intervino para ayudarles en 2008, trabajaremos con los bancos para hacer todo lo posible para corresponder y apoyar a las empresas y a los británicos cuando lo necesiten”, dijo el ministro de Empresas, Alok Sharma.

Grandes nombres de la City londinense, corazón financiero de la capital británica, como Lloyds Banking Group y Royal Bank of Scotland (RBS) debieron su salvación a la intervención del Estado durante la crisis mundial de 2008 que se convirtió en símbolo de los excesos en la finanza.

Los poderes públicos gastaron decenas de miles de millones de libras para nacionalizarlos.

El capital de RBS, que se halló en una muy difícil situación, sigue hoy siendo mayoritariamente del Estado.

A diferencia de entonces, ahora los bancos no están en el origen de la crisis, pero se encuentran bajo una creciente presión para que jueguen su papel apoyando a empresas y hogares.

Disponen de más medios para hacerlo, ya que su salud financiera mejoró en los últimos años, a menudo a costa de fuertes reestructuraciones y recortes de personal, y su capital se fortaleció gracias a las estrictas normas de solvencia adoptadas tras la crisis.

Sin embargo, los bajos tipos de interés en todo el mundo, reducidos aún más en respuesta a la pandemia, podrían estrechar sus márgenes.

Para alentarlos, el gobierno británico ha prometido garantizar 330.000 millones de libras en préstamos a las empresas. Y para proteger a los consumidores más vulnerables, el organismo de control financiero de la City pidió el jueves a los bancos que sean flexibles con los clientes cuyos ingresos se vean afectados.

La Autoridad de Conducta Financiera (FCA) sugirió que congelaran los vencimientos de préstamos y tarjetas de crédito por un período de hasta tres meses. También pidió la cancelación de los cargos por números rojos.

Para justificar estas medidas, Christopher Woolard, jefe en funciones de la FCA, argumentó que el coronavirus ha “causado una conmoción financiera sin precedentes con consecuencias de gran alcance para los consumidores de todo el Reino Unido”.

– Sin dividendos este año –

Los bancos deben dar su opinión sobre estas propuestas antes del lunes para que puedan eventualmente entrar en vigor el jueves.

El grupo de presión británico UK Finance considera que estas medidas “deberían permitir a los prestamistas dar más apoyo a sus clientes”, esperando que no causen “trastornos” en sus negocios.

Por su parte, el Banco de Inglaterra, que supervisa a los bancos a través de la Autoridad Reguladora Prudencial (PRA), exigió esta semana que las entidades renuncien a los dividendos y a la compra de acciones este año.

El objetivo es fortalecer su posición financiera, preservar la liquidez y alentarlos a prestar más.

La mayoría de los grandes bancos ha accedido, lo que debe permitir ahorrar unos 15.600 millones de libras, según cálculos de la correduría AJ Bell.

Sin embargo, a los inversores no les agradó el anuncio que provocó una caída de las acciones de grandes bancos en la bolsa de Londres.

Como señal de que estas imposiciones no son del gusto de todos en los círculos financieros, el banco HSBC, con una fuerte presencia en Asia, puede verse tentado a trasladar su sede de Londres a Hong Kong.

Según el Financial Times, varios altos ejecutivos han lanzado el debate subrayando que la entidad obtiene la mayor parte de sus beneficios en Asia.

HSBC está embarcado por otra parte en un programa de reestructuración masiva para concentrar sus fuerzas en el mercado asiático.

Este plan implica la supresión de 35.000 puestos de trabajo en todo el mundo en tres años, pero debido al coronavirus, el banco decidió suspenderlo.

(AFP)

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