López Hablador

1 de septiembre de 2020.- Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, durante la presentación del 2º Informe de Gobierno. Foto: ALFREDO ESTRELLA / AFP
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El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado que puede ser tan dadivoso como mentiroso.

Este martes, en su segundo informe de Gobierno, fueron las características que más destacó.

Por un lado, presumió los apoyos económicos que brinda su Administración a grupos vulnerables que, según él, en plena crisis económica y sanitaria, llegan sin intermediarios a 23 millones de familias mexicanas.

En ese sentido, es importante destacar los datos proporcionados por John Scott, investigador de la División de Economía del CIDE, quien estima que las transferencias directas han pasado de 168 mil millones de pesos en 2018 a 360 mil millones en 2020, aunque eso no garantice la mitigación de la pobreza en el país.

Y, por otro lado, en el mensaje emitido desde Palacio Nacional, AMLO se lució con las mentiras (innecesarias, tomando en cuenta que su base sigue confiando plenamente en él) para tratar de adornar un poco su gestión.

Ahí está el dato de que a partir de que tomó las riendas del país, ya no hay torturas, masacres, ni desapariciones.

Basta una mirada de soslayo para recordarle casos como el de Huetamo, Michoacán (12 muertos); Caborca, Sonora (11 muertos); San Mateo del Mar, Oaxaca (15 muertos) y Nuevo Laredo, Tamaulipas (12 muertos).

Todos ellos ocurridos durante su Administración.

Es más, apenas 12 horas después de haberlo declarado, un comando armado irrumpió en un velorio en Cuernavaca, Morelos, y mató a ocho jóvenes, incluido un menor de edad.

O qué decir de la aseveración de que la Guardia Nacional ya cuenta con 97 mil elementos, cuando, de acuerdo con el anexo estadístico del propio informe que Andrés Manuel entregó al Congreso, el estado de fuerza de dicha corporación, apenas alcanza los 36 mil integrantes.

Ya ni mencionar que, conforme a lo dicho, en materia de delitos solo han aumentado el homicidio y la extorsión, pues dicen los que saben que también creció desmesuradamente la violencia familiar y los feminicidios, éstos incluso en más de 9% entre noviembre de 2018 y julio de 2020.

Y a estos otros datos” habría que sumarle los que sin sustento presentó en días previos.

Que si los niños no son afectados por el COVID-19, cuando se ha demostrado que reaccionan, en un importante número de casos, con inflamación arterial que puede incluso llevarlos a la muerte.

Que si los supuestos videos de Emilio Lozoya muestran la inmundicia del régimen de corrupción”, cuando su hermano Pío fue captado recibiendo dinero de origen desconocido para fines electorales que no reportaron a las autoridades.

Que si Altos Hornos de México (AHMSA) va a regresar parte de los recursos que se pagaron en sobreprecio por una planta chatarra adquirida por Pemex, cuando la empresa de Alonso Ancira niega rotundamente esa intención.

Que si las encuestas le atribuyen un 70% de respaldo ciudadano, cuando éstas apenas le dan poco más de 50%.

Que si las organizaciones civiles reciben dinero del extranjero para boicotear el Tren Maya, cuando en realidad las aportaciones legítimas que les caen son para otro tipo de cuestiones.

Que si cuidan el medio ambiente porque no permiten el fracking ni el maíz transgénico, pero promueven las refinerías y solapan la destrucción de cenotes para explotar el agua en la península de Yucatán.

Y así podríamos continuar, pero debemos parar.

Y él también.

Cuenta con tiempo y respaldo suficiente para dar un golpe de timón.

Lo único que necesita es un plan de acción y capacidad de reacción.

Esperemos que ésta no sea como su taimado caminar, pues de lo contrario, no tendremos hacia dónde escapar.

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