Lo que usted diga, señor presidente

- Publicidad -

El pasado martes 12 de marzo, el Senado eligió por mayoría calificada a Yasmín Esquivel Mossa como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), por un periodo de quince años en sustitución de la ministra Margarita Luna Ramos.

A los 95 senadores que votaron a favor del nombramiento, por cédula y en segunda ronda -ya que en la primera votación no se logró el consenso-, poco o nada les importó que Esquivel Mossa, hubiera mostrado un profundo desconocimiento sobre fallos de la Suprema Corte en materia de derechos humanos en su comparecencia previa ante la Comisión de Justicia del Senado.

Dejemos de lado un momento los señalamientos en su contra por conflicto de interés por ser esposa del empresario José María Riobóo, asesor y amigo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Su falta de conocimiento jurídico, su falta de preparación, era razón suficiente para que nuestros flamantes legisladores la hubieran descartado para ocupar un lugar en la más alta tribuna de nuestro país, junto con las otras dos candidatas que tampoco cumplían con la idoneidad para el cargo, en lugar de que avalaran su elegibilidad para ser ministras de la Corte.

Pero vivimos en un país donde se designan en los cargos más importantes a personas que no cuentan con las cartas credenciales para el eficiente desempeño de su labor, porque, aunque afirmen mañana, tarde y noche, que este es un cambio de régimen y no de gobierno (risas grabadas), tal y como lo hemos vivido en administraciones pasadas, el Ejecutivo pide y el Legislativo relega una de sus principales funciones: ser un contrapeso al poder presidencial. Y ante las órdenes del primero, el segundo complace, se cuadra, funge como su servidumbre.

Esa mentada “separación de poderes”, es lo más escurridizo que he visto a lo largo de toda mi vida, pocas veces la vemos aparecer en escena, pocas veces hemos sido testigos de la independencia y de la autonomía entre los poderes que nos gobiernan.

Quien se haya sorprendido de la negociación en lo oscurito por parte de Morena con senadores de la “oposición”, para lograr la mayoría calificada y poder designar como ministra de la Corte a la candidata favorita del jefe del Ejecutivo, no sé de verdad, en qué México haya vivido los últimos 18 años.

Nuestros legisladores son los camaleones de la política, poseen la habilidad de cambiar de color según las circunstancias que los rodean, tienen una lengua rápida y alargada, y mueven sus ojos independientemente uno del otro.

Así de camaleónicos los legisladores que tenemos, con un ojo puesto en el erario y el otro en sus intereses partidistas y particulares, cambian el color de su voto y lo ofertan al mejor postor. Con su lengua rápida y alargada engañan al ciudadano disfrazando de beneficios sus traiciones.

El reconocimiento ciudadano que lograron el pasado mes de febrero al mostrar madurez institucional y avalar por unanimidad la creación de la Guardia Nacional con mando civil, el martes pasado, 95 senadores, lo usaron como tapete para que Yasmín Esquivel caminara sobre él y escalara a la máxima tribuna de nuestro país, pese a que mostró un amplio desconocimiento de jurisprudencias sobre derechos ya ganados, que está en contra de los derechos reproductivos de la mujer y de adopciones homoparentales, posturas preocupantes que van en sentido contrario del fortalecimiento de la Suprema Corte y de una visión garantista que proteja los derechos de todos los ciudadanos.

Esta votación, esta designación en particular, terminó por exhibir el nivel de la oposición que tenemos: pusilánime, servil, débil, pequeña. Es vergonzoso, lastimoso, ver cómo ceden, cómo callan, cómo se arrodillan, cómo justifican y negocian su voto para que se cumplan los deseos del presidente.

El nuevo gobierno criticó por años la simulación, los nombramientos a modo en gobiernos panistas y priistas, hoy los emulan, para imponer en la Corte a una ministra conservadora que está en contra de los derechos ya ganados de las mujeres y de la comunidad LGBTTT; gracias al apoyo de senadores de “oposición”, que “olvidaron” sus luchas en defensa de los derechos humanos en un tris, bien raros ellos, se les desapareció la congruencia, vaya usted a saber qué les ofreció Morena a cambio, para que votaran a favor, para que salieran a decir: lo que usted diga, señor presidente.

Comentarios