Llegó el coronavirus, no hay que subestimarlo

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Contrario a lo que dicen las autoridades en México, el coronavirus sí representa un riesgo para la sociedad.

Según lo que ha mencionado la Organización Mundial de la Salud, decir que es como un catarro” y que a determinada temperatura ambiental el virus puede morir, es un irresponsabilidad, pues se carece de estudios suficientes para hacer tales aseveraciones.

Lo que sí es un hecho, es que el COVID-19 recientemente llegado a México, es menos mortal que otros virus procedentes de la misma familia de coronavirus, como el SARS (síndrome respiratorio agudo grave) y el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio).

Pero lo preocupante aquí, es la rapidez de su propagación.

Parece obedecer a la lógica de que los virus con altos niveles de mortalidad suelen ser muy bajos en el nivel de contagio, justamente porque afectan tan fulminantemente al organismo que no dan tiempo de contagiar.

Pero, los que son altamente contagiables tienen índices de mortalidad muy bajos y suelen afectar a gente mayor o con condiciones de salud delicadas.

Por poner un ejemplo, el SARS apareció en 2002, contagió alrededor de 8 mil personas, y mató a 774. Es decir, aproximadamente al 10 por ciento de quienes lo padecieron.

El coronavirus, en tan solo dos meses ha acabado con más vidas que el SARS. Lleva más de 90 mil contagios y más de 3 mil personas muertas.

Y en lo que encuentran la cura o la vacuna, el escenario pinta para que haya todavía más.

De hecho, especialistas en todo el mundo, como el epidemiólogo y profesor de Harvard, Marc Lipsitch; el titular del departamento de medicina pública de la universidad de Hong Kong, Gabriel Leung; y un asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de nombre Ira Longini, calculan que el coronavirus podría afectar a un porcentaje que va del 40 al 80% de la población mundial.

Si las cifras fueran acertadas y el índice de mortalidad se mantuviera alrededor del 2.3% como lo ha reportado el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCDC), ésta se convertiría en una de las epidemias más devastadoras de los últimos tiempos.

Incluso, el estimado que han hecho las autoridades sanitarias en México, tras resistirse por semanas a hablar del tema, es que, según el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, el coronavirus podría llegar hasta el 70 por ciento de la población.

Es decir que si México tiene una población de 120 o 130 millones de habitantes, de acuerdo con el último censo, los contagios podrían rondar los 80 millones de personas.

¡¿Se imaginan el impacto que tendrá en los sistemas económico y de salud que, a decir de los que saben, con la actual Administración, están pendiendo de un hilo?!

Si bien todo es relativo, en caso de que las cifras planteadas se convirtieran en realidad y la población económicamente activa de esos 75 millones de mexicanos tuviera que verse en la necesidad de aislarse los 14 días indicados mundialmente para recuperarse, ¿cómo impactaría a la económica mexicana que desde hace varios meses está estancada?

¿Qué ocurriría con los recursos humanos de la industria? ¿Cómo se va a detener el turismo?, ¿Cómo va a influir en el flujo de mercancía entre los socios comerciales del país, uno de ellos China, por cierto?

Si de verdad no hay nada de qué preocuparse, ¿por qué hay países que cierran museos, como en Francia el de Louvre; naciones que realizan sus torneos a puerta cerrada, como Italia con su liga de fútbol; o escuelas completas como lo ha hecho Japón, que no tiene previsto abrirlas sino hasta el mes de abril, aunado a que está considerando posponer la celebración de los Juegos Olímpicos; o China, que ha ordenado incluso el cierre de algunas ciudades, logrando contener el número de casos de personas infectadas?

Con tal de desmarcarse de la forma cómo la Administración de Felipe Calderón asumió la emergencia por el virus de la influenza AH1N1, el Gobierno de López Obrador ha hecho múltiples llamados a conservar la calma, pero ¿qué tan fácil es eso en un país que tiene una economía que se sostiene de alfileres y un sistema de salud con serios problemas de organización y desabasto?

Los números no mienten, ni en materia de propagación, defunciones y, menos aún, de billetes.

No está de más, échenles un ojo, y como dice el Conde de Montecristo: confiar y esperar, que no nos queda de otra.

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