En Liverpool, el dinero de un pasado esclavista empaña el presente

Alcaldesa Anna Rothery, afuera del Town Hall en Liverpool. Foto: by OLI SCARFF / AFP
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Los Earle eran “una familia que prosperó durante un siglo con el comercio de esclavos”, explica Anna Rothery mientras camina por Earle Street, una pequeña calle de Liverpool testimonio de un pasado oscuro que pesa en el presente de esta ciudad inglesa.

Unas calles más lejos, Rothery, primera alcaldesa honoraria negra de la localidad, se detiene en el cruce de las calles Cunliffe y Sir Thomas, nombradas en honor de los propietarios de los dos primeros barcos que zarparon del puerto de Liverpool cargados de esclavos.

“Es una parte horrible de la historia de nuestra ciudad” que jugó un papel “enorme” en este tráfico humano junto a otras ciudades portuarias como Bristol y Glasgow, explica.

La muerte del estadounidense negro George Floyd a manos de un policía blanco y el movimiento Black Lives Matter desataron el debate sobre símbolos como estatuas, nombres de calles o prestigiosos edificios en recuerdo de figuras históricas que se beneficiaron de la trata de personas.

En Liverpool surgen también interrogantes sobre el papel de la localidad en el comercio de esclavos y las marcas que han quedado en la ciudad, una de las principales plataformas del “comercio triangular” mundial entre los siglos XVII y XIX.

“Cuando se mira la ciudad, todo el mundo puede ver de dónde vino el dinero” que financió el desarrollo del puerto, los lujosos edificios y las opulentas mansiones, pero también las escuelas, los hospitales y las organizaciones benéficas, dice Rothery.

Sin embargo, “en 2020, cuando miras la ciudad, ves muy pocos negros empleados”, lamenta, denunciando un “racismo sistémico” derivado de un pasado que sigue siendo casi un tabú.

– Reparaciones –

A raíz de la publicación de una base de datos elaborada por la University College London que exponían los vínculos de algunos de sus dirigentes con la trata de esclavos, importantes organizaciones británicas pidieron disculpas, como la Iglesia Anglicana, el Banco de Inglaterra, la cadena de pubs Greene King o el mercado de seguros Lloyds of London, que aseguraba los viajes de los barcos negreros.

El trabajo de la UCL también destapó los vínculos de las fundaciones del banco RBS o del promotor inmobiliario British American Land Company con empresarios que se beneficiaron de la esclavitud o lucharon contra su abolición.

El rol de la esclavitud en los cimientos de la economía británica moderna sigue siendo objeto de debate en el Reino Unido.

Algunos investigadores le restan importancia y niegan que haya contribuido a la financiación de la Revolución Industrial, afirmando que benefició principalmente a determinados individuos.

Pero otros consideran que fue fundamental para poner las bases de la economía británica moderna, ya que estimuló su sector financiero, su comercio internacional, su producción industrial.

Klas Ronnback, profesor de economía de la Gothenburg University, estima en un estudio de 2018 que ya en 1800 el comercio triangular aportaba 5,7% del Producto Interior Bruto británico, y más del 11% contando todas las actividades económicas resultantes del tráfico de esclavos.

Tras la abolición de la esclavitud en el Reino Unido en 1833, se pagaron indemnizaciones a los miles de propietarios directos e indirectos de esclavos para indemnizarlos por la pérdida de su “propiedad”, que ascendieron a unos 20 millones de libras, una suma colosal en aquella época.

Hoy en día, lo que se está debatiendo es la reparación a los descendientes de las víctimas. Algunas personas se oponen, argumentando que los descendientes son imposibles de identificar o que las organizaciones actuales no son responsables de lo que ocurrió hace 200 años.

Otros, como Rothery, piden fondos para luchar contra la desigualdad. “Tenemos que avanzar no solo en la cuestión de las estatuas y los nombres de las calles, sino también en la falta de oportunidades económicas para la población negra”.

Keith McClelland, historiador especializado de la UCL, cree que la financiación de becas para estudiantes negros de orígenes desfavorecidos y las donaciones a asociaciones antirracistas serían buenas vías de reparación.

Greene King o Lloyds of London se han comprometido a realizar pagos “sustanciales” a asociaciones y organismos que apoyan a las comunidades negras y de otras minorías étnicas y a trabajar para promover la diversidad racial en sus plantillas.

(AFP)

La placa que identifica a Earle Street e Liverpool

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