Leo Matiz, el cronista de la lente

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Pocos historiadores nos permiten viajar al pasado como un fotógrafo. Braudel lo hizo dándole un giro a esa disciplina con su célebre historia de las mentalidades y la novelista Marguerite Yourcenar  lo logró de manera  notable con una novela por entregas que publicó  entre 1948 y 1950 en la revista “La Table Ronde”. Me refiero, ya lo adivinó, a “Memorias de Adriano”.

Los fotógrafos al fijar un instante que al nombrarlo ya se fue, nos permiten con sus imágenes viajar en el tiempo. Gracias a sus fotografías el colombiano Leo Matiz -cuya obra se exhibió recientemente en el Museo de San Ildefonso y que se exhibe ahora en El Palacio de Bellas Artes- nos permiten viajar a ese México postrevolucionario de increíble vida cultural.

Leo Matiz aseguraba que México agudizó su visión para la fotografía. Antes de hundirse en la corriente vital de ese país, el poeta  Porfirio Barba Jacob le dio un consejo de oro:  “Usted observe y escuche. Vaya a los bares, las peñas y tertulias. Visite las exposiciones de arte. Si usted desea ser derrotado en México, precipítese. Si quiere conquistar a este país, cálmese y mire”.

Y eso hizo Matiz. Así conoció a una jovencísima María Felix previa al mito y a la ceja levantada, pero también a Frida Kahlo antes de convertirse en icono del santoral laico,  David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Agustín Lara,  Dolores de Río, Cantinflas,   “El  Indio”  Fernández, Gloria Marín, Lupe  Vélez,  Gabriel Figueroa, Julio Bracho, Luis Buñuel, Efraín Huerta, y Pablo Neruda. Personajes de un México que nos parece inverosímil pero cuyas ondas expansivas aún nos alcanzan.

Tan se metió a ese vivísimo país de la primera mitad del siglo XX mexicano (de 1941 a 1947) que tuvo una muy cercana relación con  María Félix, se convirtió en gran amigo de José Clemente Orozco y trabajó con David Alfaro Siqueiros haciendo “bocetos fotográficos” para que el pintor los usara en sus murales.

La ruptura con este último porque Siqueiros se negó a reconocer su trabajo en el proceso de su pintura, lo obligó a dejar el país.

Los dos más recientes catálogos de las exposiciones referidas montadas en el centenario del nacimiento del fotógrafo, dan cuenta no sólo de una propuesta estética fuera de serie, sino de un México que a veces hace pensar que fue más grande que el presente.

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