Las partidas millonarias secretas: botín de todos los partidos

Imagen de archivo. 26 septiembre 2013. Layda Elena Sansores San Román, durante la comparecencia de Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público, en el Senado de la República.
- Publicidad -

El escándalo no es para menos, la senadora del Partido del Trabajo (PT) con licencia, Layda Sansores, candidata a la alcaldía de Álvaro Obregón, por la coalición Juntos Haremos Historia, facturó a nombre del Senado de la República, gastos personales que ascienden a 700 mil pesos entre 2016 y 2017, de acuerdo a un reportaje presentado por Denise Maerker en su noticiero En Punto.

La legisladora cargó al Senado compras que no tienen nada que ver con su labor legislativa, desde tintes para el cabello, desodorantes, maquillaje, sábanas, pasta dental, juguetes, electrodomésticos hasta un vestido y mascada de seda con la cara de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, entre otros artículos.

El asunto detonó una andanada de críticas en contra de la senadora, por utilizar los recursos públicos para comprar artículos de uso personal y por su conocida lucha por denunciar “los privilegios del poder” de políticos de oposición, excesos en los que ahora ella era evidenciada.

La austeridad republicana y honestidad valiente que presumen en Morena, quedó como un mero eslogan, bonito y pegador, al lado del actuar de la senadora Sansores.

Y es que el asunto va más allá de lo que hizo la senadora; hay tres puntos importantes en esto.

El primero de ellos: el Senado avala estas prácticas, acepta retribuir el dinero por compras de artículos personales, como un champú “Ma Evans Acción Profunda para evitar la calvicie”, chicles y cigarros que el senador Ernesto Cordero, actual presidente de la Mesa Directiva del Senado, compró con el dinero de los contribuyentes en 2013.

Nuestros legisladores cargan al Congreso hasta una pasta dental, de ¿cuánto le gusta? ¿40 pesos? Perciben sueldos brutos por encima de los 200 mil pesos, ¿no tienen para pagarlo? Este es el nivel de nuestros legisladores. Esa es la clase política que tenemos.

Cuando bien nos va, claro, porque hay compras de pantallas, boletos de avión, comilonas en restaurantes de lujo, por decir lo menos.

El segundo punto es, la desfachatez con la que argumentan, cuando son exhibidos, que efectivamente usaron recursos públicos, pero que no fue para beneficio propio, sino para hacer obsequios, ya sea a trabajadores de intendencia del Senado, o a niños, madres, ancianos, etc., en diversas fechas festivas. ¿Pero quién les dijo a los legisladores que el dinero público es para hacer caravana con sombrero ajeno?

Ven al erario como una fuente de recursos ilimitados para hacer eventos, rifas, regalos, y demás, en su nombre, y crear así sus grupos clientelares. Nuestros impuestos no son para que los legisladores se los regalen a nadie en su nombre.

Creen que el dinero de los ciudadanos es parte de su patrimonio familiar. Y como tal, disponen de él, para repartir a quien ellos consideran merecedores. ¿Se sienten filántropos? Saquen de su bolsa, paguen los regalos con su sueldo. Tengan ética y muestren responsabilidad ante el manejo de nuestros impuestos.

El tercer punto, el más grave y el más indignante es la opacidad con la que manejan miles de millones de pesos a través de partidas secretas.

No olvidemos que la Auditoría Superior de la Federación (ASF), reveló hace unos meses, que el Senado, no rindió cuentas sobre una tercera parte del presupuesto que ejerció en 2015.

Un poco más de 1 mil 200 millones de pesos se repartieron entre todas las bancadas, sí, ¡de todos los partidos!

El 30% del presupuesto del Senado, fue manejado en la total opacidad, solo en 2015. ¿Qué destino tuvieron nuestros impuestos? No lo sabemos, los legisladores omitieron entregar la documentación para comprobar en qué fue utilizado.

El boquete al erario por parte de esta legislatura es enorme. Ese hoyo no tiene fin, ni nuestros legisladores llenadera.

Es prioritario, que la próxima legislatura, inicie eliminando estas prácticas mañosas, no podemos seguir permitiendo que el Congreso maneje los recursos públicos a discreción, que los legisladores utilicen el dinero de los contribuyentes para beneficiar a sus huestes. Debemos desde la sociedad civil seguir presionando para que los excesos de los legisladores lleguen a su fin y en su caso, sean merecedores de una sanción.

Mientras tanto, el cinismo, la desfachatez para facturarle al Senado, hasta cuatro conchas sin azúcar, no tiene límite.

Comentarios