Las mujeres de la Independencia, reivindicadas por Celia del Palacio

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El movimiento de Independencia, como la mayoría de las luchas en México, han omitido a la mitad de las participantes de la historia, sin embargo Celia del Palacio, doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, rescata la vital participación de la mujer en el movimiento independiente.

En Adictas a la insurgencia, editado por Planeta, presenta cuál fue la contribución de aquellas que dieron la vida por la libertad de la entonces Nueva España, desde las más reconocidas cono Josefa Ortiz de Domínguez, hasta las mujeres de Miahuatlán, que liberaron a sus esposos o hijos con piedras y sartenes cuando estos fueron capturados por el ejercito imperial.

Nos cuenta en entrevista, ¿Cómo fue el descubrimiento de la mitad de México?

En los libros de historia, se ha negado, se ha escondido o se ha ocultado la mitad de los hechos, la mitad de la historia que somos las mujeres.

No estar en la categoría de los hechos de los hombres, no quiere decir que los hechos de las mujeres sean menos importantes.

Hemos aprendido una historia donde no están las mujeres, en los libros de texto de la primaria, ya creo que había dos o tres mujeres cuando mucho y todos aprendimos que las mujeres no hacían historia, no estaban ahí, es decir no existen en la historia.

En su texto, la autora describe el sufrimiento de la mujer en la lucha por la emancipación del país.

Muchas de ellas sin tener nada que ver en el asunto pagaron con su vida, o las torturaron o hicieron cosas terribles con ellas, simplemente porque eran las hermanas, las hijas o las madres de los combatientes.

Algunas veces fue terrible, como cuando Iturbide era Realista y Calleja llegó a arrastrar a las mujeres con caballos por el piso para obligar a los insurgentes a rendirse. Era una táctica de guerra usar a las mujeres, como un instrumento de presión para los combatientes.

La investigadora, en un capítulo dedicado a Carmen Camacho, quien solía reclutar soldados para la causa libertadora describe que al ser sacada de su celda con solo un camisón de manta, se le hizo caminar por las calles de Acámbaro y como escarmeniento se le colocó un cartel que decía: Adicta a la insurgencia.

Del Palacio asegura que “a todas las encarceladas por apoyar al movimiento, se las acusaba por el delito de ‘Adicta a la insurgencia’” .

Se intentaba con ello dar un ejemplo, decir ‘eso es lo que les va a pasar a todas aquellas que los apoyen’, pero a los hombres ni siquiera les hacían algo así.

No conozco el caso de un hombre al que le hubieran puesto un cartel así, a la hora de fusilarlo, sabemos que los fusilaban y era claro que era por ser insurgentes, pero no como el hecho de vejar a las mujeres.

Es un hecho triste y vergonzoso, y que no lo conozcamos, todavía más.

Había una serie de delitos establecidos para los hombres, pero no se esperaba que las mujeres participaran, entonces cuando estaban metidas ahí ¿cómo las castigaban?

Entonces se les castigaba según lo que el mando que estuviera a cargo decidiera.

Incluso existía el caso de los inquisidores, que llegaban a castigar a las mujeres solo por ‘habladoras’, así las consignaban, por andar diciendo que el cura Hidalgo tenía razón.

En el episodio dedicado a Manuela García, esposa de Carlos María de Bustamante (quien aprovechando la libertad de imprenta que garantizaba la Constitución de Cádiz, editó folletos y periódicos en contra del gobierno virreinal), es un caso que llama la atención por las vejaciones y sacrificios que Manuela debió afrontar con tal de apoyar a Bustamante al redactar los distintos diarios, y lo hicieron a salto de mata por diferentes entidades del país.

Me sorprende mucho (lo que pasaron) estas mujeres, yo he visto el terreno, cerca de Huatusco, y Coscomatepec son unas barrancas espantosas, uno se pregunta cómo en el caso de Manuela García que era de la élite andaba acompañando a Carlos María de Bustamante, en los breñales, y comiendo caldo de iguana con la tropa, como la propia Leona Vicario con el Congreso de Chilpancingo.

Incluso Manuela caminando atada en la cuerda de prisioneros, merece por lo menos reconocimiento por lo que hicieron, que se conozca lo que hicieron más allá de ese momento.

Por eso quise acercar la parte humana detrás de los hechos.

Había muchas mujeres en los calabozos de la Inquisición que duraron muchísimos años ahí, y de plano se les olvidó que estaban ahí, muchas murieron ahí, sin que a nadie le importara, sobre todo muchas hermanas, hijas, esposas se quedaron hasta 1821, cuando se pusieron a revisar quién estaba ahí y por qué.

Y las mujeres se quedaron con la responsabilidad cuando los hombres se fueron, son hechos que parecen muy poco importantes, pero quién les dio de comer a las familias, ellas tuvieron que cultivar cuando los campos estaban arrasados, porque llegaban tropas, se iban y llegaban otros y arrasaban con todo.

Entonces las mujeres tenían la responsabilidad de conservar la vida de los que se quedaron.

Incluso, Carlos María de Bustamante, se acuerda mucho de su mujer y le agradece, pero creo que no pasaron cuatro meses cuando se volvió a casar con una muchachita de 19 años.

Las novelas que he escrito tienen como fin visibilizar las luchas de las mujeres poco reconocidas, por ejemplo en Las mujeres de la tormenta, recuperé a las mujeres afrodescendientes que fueron acusadas de brujas y las dejaron en los calabozos de la Inquisición, sin que nadie se acordara de ellas.

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