Las mañaneras de AMLO

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Han transcurrido cuatro meses del inicio de la nueva Administración y, al parecer, así como a los partidos políticos de oposición se les ha dificultado articular estrategias eficaces encaminadas a posicionarse como un contrapeso real al poder del Ejecutivo y del partido en el Gobierno; a la gran mayoría de medios y periodistas en nuestro país, les sucede lo mismo.

Al gremio periodístico se le ha abierto una puerta que antes no tenía: todos los días, todas las mañanas, desde que dio inicio este nuevo sexenio, tienen la oportunidad de cuestionar al poder, cara a cara, durante las conferencias de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Muy pocos son los medios que lo han comprendido. Los que asumen su responsabilidad ante el derecho al acceso a la información de la ciudadanía, los que entienden la importancia de este espacio extraordinario y lo aprovechan para ejercer su labor con dignidad e independencia informativa.

El nivel del periodismo que vemos en las mañaneras de AMLO, es precario. Y se hace más evidente cada día, ante un Gobierno que ha mostrado discrecionalidad en el manejo de los recursos públicos, que se niega a rendir cuentas, que desacredita al mensajero, que atropella nuestro derecho a estar informados, todos los días.

Porque no es lo mismo, lanzar adjetivos calificativos a detractores desde el podio presidencial, que informar. Porque no es lo mismo juguetear, contar anécdotas personales o responder con frases graciosas a cuestionamientos sobre señalamientos de opacidad, que informar.

Es increíble que medios que se autodenominan críticos, no envíen a su personal más capacitado a estas conferencias. Más sorprendente aún, cuando durante los seis años del Gobierno de Enrique Peña Nieto, se quejaron de la nula apertura de este con la prensa.

La ausencia de voces claras y valientes en las mañaneras de AMLO es evidente. Tan evidente, como la incapacidad de su Gobierno de coordinar una estrategia eficaz en su comunicación interna.

Las conferencias de prensa diarias de López Obrador tienen una finalidad: tener el control de la información que se difunde. Él es quien marca la agenda. El son, lo elige el presidente, el resto baila.

El nivel de debate entre el mandatario, los periodistas y reporteros que acuden a sus mañaneras, debe incrementarse. El diálogo no puede seguir estancado. Cuestionar, refutar, discrepar, debatir los temas de interés público solo fortalecen a nuestra democracia.

Mientras los partidos de oposición en nuestro país siguen extraviados, no logran ser atractivos para una gran parte del electorado. El partido en el poder va como caballo desbocado, cumpliendo los deseos del presidente, pisoteando la ley, violando los derechos de ciudadanos, defendiendo a capa y espada lo que en gobiernos pasados criticaron.

Menuda tarea la que tiene el periodismo en México. Por lo pronto, es de los pocos contrapesos reales que tiene el nuevo Gobierno, obvio que me refiero al buen periodismo. Ojalá que los medios que comprenden cuál es su responsabilidad ante sus lectores y los periodistas comprometidos con la verdad, le cambien pronto la tonada a las mañaneras de AMLO. Nos urge a todos.

Espero que la participación del periodista Jorge Ramos de Univisión este viernes en la conferencia matutina del presidente, sea el detonante para que el nivel de diálogo se eleve. Más periodistas incisivos, más periodismo comprometido con el derecho al acceso a la información de los ciudadanos.

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