La sobrerrepresentación, el karma de la democracia mexicana

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La redacción actual del párrafo V del artículo 54 constitucional, permite una sobrerrepresentación del 8 por ciento entre la cantidad de posiciones legislativas y el porcentaje de votos, este porcentaje permitido por la ley, se refiere a la contabilización por partido político.

Sin embargo, la realidad política desde hace años, agrega un factor adicional que distorsiona el equilibrio porque la legislación no ha evolucionado para acotarla, se trata de las coaliciones y sus propios convenios, que determinan la adjudicación de las posiciones al margen, por decirlo de alguna manera, de la voluntad expresa del voto popular; estos acuerdos alteran principalmente la asignación de las posiciones de representación proporcional, a pesar de que su origen era justamente disminuir la posibilidad de la sobrerrepresentación en el Congreso, erosionando la pluralidad política y la representatividad de todas las voces de la sociedad.

Este problema de falta de correlación entre posiciones del Congreso y la votación emitida en las urnas, no es nuevo; tiene antecedentes importantes durante todo este siglo, pero particularmente en las elecciones del año 2015, justamente las que anteceden a la presente legislatura y que cobran especial relevancia por las consecuencias que originan en nuestro presente.

El 23 de agosto de 2015, en la Sesión General del INE, en la cual se asignarían las diputaciones federales por el criterio de representación proporcional, el diputado Pablo Gómez, quien fungía como representante del PRD ante el órgano electoral, denunció que siete diputados electos, miembros y militantes del PRI, estaban siendo contabilizados como del PVEM, el problema no radicaba en desconocer al partido al que realmente pertenecían, sino cómo se alteraba la sobrerrepresentación y con esto se le estaba dando la mayoría absoluta al partido en el poder.

La reseña detallada que a continuación reproduzco parcialmente sin sacar de contexto el tema que me ocupa, pudiera parecer tediosa y tardía, pero es digna de un análisis a conciencia:

En su intervención, la Consejera Electoral, Pamela San Martín, afirmó sobre los hechos denunciados por el diputado Pablo Gómez, que era pretender evadir a partir de la figura de las coaliciones, los límites constitucionales de participación en la Cámara de Diputados en detrimento de la pluralidad y representatividad inherentes al sistema de representación proporcional vigente.

“Para efectos de la asignación de diputados que ganaron por la vía de representación proporcional, se le debería de aplicar la cláusula de sobrerrepresentación al PRI incluyendo en la ecuación a los diputados que militan en el partido a pesar de que simuladamente compitieron por el PVEM”.

Horacio Duarte, representante de Morena ante el INE, afirmó que no era nuevo el modelo de defraudación electoral para lograr una sobrerrepresentación artificial, el problema no es que fuera una práctica normal, el tema fundamental es que la autoridad lo deje pasar e instó a que se revirtiera.

Sin embargo, el proyecto venía en sentido contrario; el Consejero Electoral, Ciro Murayama, a pesar de hacer una defensa clara del sistema de representación proporcional, dándole énfasis al tope del 8% de sobrerrepresentación que se establece en la Constitución, fue sumamente claro en su posicionamiento sobre el papel que podían tener una vez concluida la votación:

En estricto apego a los principios de certeza y legalidad sostengo que esta autoridad no puede asignar a un partido político diputados que no hayan sido registrados para ese partido ni eliminar aquí candidaturas que se registraron como válidas para determinado partido, sea el PRI, el Verde, el PRD o el PT. Entre otras cosas porque 39 millones 864 mil 82 ciudadanos fueron a votar teniendo ante sí una boleta que tenía las listas para cada partido de representación proporcional. Hoy, la gente votó así, casi 40 millones de mexicanos con esas listas correspondiente a cada partido; que nosotros aquí, ya que ocurrió la votación modifiquemos esas listas, tomemos nombres y los incluyamos a otro partido, me parece que sería totalmente contrario al principio de certeza; la gente votó con esos candidatos registrados, que se encontraban a los ojos del elector en cada una de las boletas. Hoy modificar esas listas aquí administrativamente después de que la soberanía popular ya se expresó, me parece que sería alterar artificial e ilegalmente esa voluntad popular, la gente así votó, por los candidatos registrados para cada opción política; no creo que nosotros podamos alterar hoy, esas adscripciones partidistas”.

En su réplica, Pablo Gómez acotó y preguntó:

De repente no entendí nada, y creo que la culpa es mía, sin duda, ¿quién ha hablado de alterar las listas? ¿quién ha propuesto aquí quitar o cambiar candidatos? No entiendo porque nadie lo ha propuesto, no se ha escuchado eso, aquí lo que estamos discutiendo es cuántos candidatos tiene derecho el PRI, plurinominales, ¿cuál es su derecho? Los candidatos ya son los que son, nadie los va a cambiar, entonces yo pregunto a Murayama ¿quién ha hablado aquí de alterar las listas plurinominales o las candidaturas uninominales?”.

Ciro Murayama contestó petrificado:

Sí, tiene usted razón”, ¡plop!

El diputado Fernando Belaunzarán pidió la palabra y le preguntó a Murayama:

La petición es que los candidatos del PRI no cuenten para los diputados del Verde, ¿cuál es su opinión al respecto?”.

La respuesta de Murayama cambia el rumbo:

Yo creo que los candidatos, es decir, aquí no estamos aprobando militancias, estamos aprobando asignación de diputados según como fueron registrados para cada partido; creo que el momento de impugnar si un militante de un partido fue postulado por otro es en el momento de registro de candidaturas atendiendo a la definitividad de las etapas en un proceso electoral, en función de eso, si los convenios de coalición fueron válidos, pues hay que respetarlos”.

En un esfuerzo por hacerlo entrar en razón, la Consejera San Martín revierte el argumento:

Los diputados ganadores por representación proporcional salvaguardan su derecho a ser votados y ocuparán su cargo con independencia de a quién se le contabilice.

“Lo que se estaría alterando en su caso es el principio de representación, lo que se está pervirtiendo es el principio, merced a un acuerdo de voluntades, ahí es donde esta autoridad no debe aceptar que se quebrante el principio de sobrerrepresentación”.

Finalmente, a pesar de los argumentos, y con el voto en contra de Pamela San Martín, el dictamen fue aprobado por el Consejo General del INE avalando las designaciones de los diputados de representación proporcional de la Cámara de Diputados en el sentido en que había sido presentado y con una sobrerrepresentación del PRI en la Cámara de Diputados para la legislatura 2015-2018.

Pablo Gómez y Horacio Duarte, habían sido arrollados por el Consejo General del INE, con un criterio en extremo legalista y en función a la legislación vigente, a pesar de haber sido evidenciado por Pamela San Martín el riesgo de sobrerrepresentación y las lagunas que podrían ser usadas en el futuro; Gómez y Duarte aprendieron perfectamente de la fuerte lección.

Durante la legislatura 2015-2018 no se hicieron cambios, actualizaciones ni reformas a los artículos que habían permitido que se perpetrara la sobrerrepresentación artificial. Como no se tomó ninguna medida correctiva, en el proceso electoral de 2018 nos enfrentamos a una problemática idéntica, con la única diferencia de los actores, las víctimas del pasado, aprovecharon las mismas lagunas para ejercer la misma estrategia y lograr una sobrerrepresentación simulada en la Cámara de Diputados, gracias al convenio de coalición que presentaron Morena, el PT y el PES.

Las expresiones que ha tenido el Consejero Electoral Ciro Murayama sobre la Captura del Congreso por Morena” plasmadas en un extenso y meticuloso texto publicado en la revista Nexos el 1 de julio de 2019, con las cifras y los comparativos reales de la sobrerrepresentación en el Congreso por parte de Morena, hoy en el poder, podrán ser válidas, sin embargo nos lleva a preguntarnos, ¿por qué no se pronunció en este sentido desde 2015? e incluso, el 23 de agosto de 2018, en la Sesión General avaló la asignación de diputados plurinominales y afirmó de manera literal que Morena no está sobrerrepresentado porque tuvo el 41.34% de la votación y tendrá el 38.20% de los escaños”, como una forma de justificar, en ese momento, el sentido de su voto, eso desde mi punto de vista, le resta objetividad y credibilidad.

Si la expresión de la Consejera Electoral del INE, Pamela San Martín, en 2015, sobre los riesgos latentes de las reglas de la sobrerrepresentación hubiera sido escuchada, analizada y corregida, hoy, el escenario legislativo en la Cámara de Diputados, sería diametralmente distinto.

Los vicios no corregidos, y que corresponde modificar a la propia Cámara de Diputados, no serán materia de esta legislatura, por razones obvias. Eso significa que la oposición tendrá que cargar con el mismo peso en el 2021, por consiguiente, su reto es mucho más complicado.

Es increíble que a pesar del complejo escenario que tendrán que observar, sigan perdiendo el tiempo en discusiones infructuosas, en lugar de ocuparse en construir una agenda que le pueda rendir mayores dividendos, a ellos y a la democracia de nuestro país.

Por otro lado, la falta de corrección de los vicios y lagunas de la legislación vigente, en materia de la representación proporcional y su eventual sobrerrepresentación, no hace mas que evidenciar el oportunismo de todos los partidos políticos.

La realidad política del país ha cambiado, bien valdría la pena revisar la evolución de la normativa electoral, para corregir, o al menos reducir, los efectos nocivos a la democracia.

La representación proporcional surge y existe como un instrumento de pluralidad y participación democrática, no como un mecanismo para generar una sobrerrepresentación de ninguna fuerza política en el Congreso de la Unión y convertirse en el karma de la democracia mexicana. 

La autonomía del INE no es el único pilar de la democracia, también lo es corregir los errores que atentan contra ella y que favorecen a unos y perjudican a otros, y eso, ha estado en manos de todos los partidos políticos, que hoy tratan de lavarse las manos.

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