LA SILLA PRESIDENCIAL

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El PAN y el PRD buscan formar un  alianza rumbo al 2018 para “sacar al PRI de Los Pinos”. Lo plantean como si fuera la gran cosa y como si eso significara provocar una revolución en el país.

No han entendido que la alternancia, por la sola alternancia, no conduce a nada. Que quitarle la silla a un partido para dársela a otro, sin cambiarle las patas, la estructura y el tamaño, solo conduce a tener el mismo trasto.

Un cachivache bastante averiado por el paso del tiempo, que requiere ser modernizado, democratizado, volverlo más útil a la sociedad.

El PAN ya sacó al PRI de Los Pinos en el 2000 y le impidió el regreso en el 2006 y no pasó nada.

Vicente Fox nunca entendió que su responsabilidad histórica era construir la transición. Creyó que con expulsar a Juárez de la residencia presidencial era suficiente para provocar el cambio.

A Calderón le sucedió exactamente lo mismo. En ambos casos, para decirlo rápido, se multiplicó y reprodujo la corrupción, la pobreza y la injusticia social.

Ni los panistas en la Presidencia de la República, ni los perredistas convertidos en jefes de gobierno de la Ciudad de México han demostrado ser mejores que los priistas en el poder. ¿O sí?

Y no se trata de decir que el PRI debe permanecer en el poder a toda costa. No. Lo que intento advertir es que los objetivos de la alianza entre el PAN y el PRD son miopes y pobres.

No le han dicho al electorado para qué quieren el poder.

Ni el PAN, PRI, PRD o MORENA han puesto sobre la mesa pública el mapa y la ruta para llegar a un país diferente.

Derecha e izquierda están ocupados y preocupados por defender tribus y cotos. La ambición, la imaginación, no les alcanza para más.

Prevalece, pese a la gravedad de las circunstancias, una visión absolutamente mezquina y primitiva de la silla presidencial. Ellos mismos contribuyen a su devaluación. La conciben como un mero botín de piratas.

    

   

    

   

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