De la prisión a la presidencia en 12 días, la historia del nuevo líder de Kirguistán

16 de octubre de 2020.-Sadyr Japarov presidente interino de Kirguistán. Foto: VYACHESLAV OSELEDKO / AFP
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Populista con turbias relaciones y paso por la prisión son algunos de los rasgos que definen al nuevo dirigente de Kirguistán, quien asumió el poder tras más de 10 días de crisis política y violentas manifestaciones.

El 4 de octubre de 2020, Sadyr Japarov cumplía una pena de 11 años y medio por secuestro.

El 16, se convirtió en presidente interino de esta exrepública soviética asiática, imponiéndose en gran parte gracias a las multitudes amenazantes que ocuparon calles y edificios públicos de Biskek, la capital del país.

Entre ambas fechas, ocurrieron las elecciones legislativas desacreditadas y anuladas por la compra masiva de votos, los disturbios que dejaron más de 1000 heridos y la renuncia forzada del jefe de Estado, Sooronbai Jeenbekov.

En apenas días, este hombre de 51 años que pasó los últimos tres años de su vida tras las rejas, tomó el poder.

Primero sus partidarios lo sacaron de la celda, luego fue absuelto por la justicia en circunstancias confusas y finalmente fue nombrado primer ministro en una reunión secreta de diputados en un hotel.

Jeenbekov, debilitado por acusaciones de fraude, rechazó esta designación, pero Japarov la reimpuso apoyado por los manifestantes y diputados leales.

16 de octubre de 2020.- Sadyr Japarov y el expresidente Sooronbay Jeenbekov en reunión extraordinaria del Parlamento

– ¿Hombre del pueblo o mafioso? –

Tras la dimisión del jefe de Estado, el presidente del Parlamento renunció a tomar la cabeza del país, dejando todo el poder al exconvicto.

Para sus partidarios, Japarov es “un hombre del pueblo” que lucha contra una élite política corrupta. Para sus detractores, es un mafioso vinculado al crimen organizado.

Omurbek Suvanaliev, exministro del Interior, denunció a los mafiosos que “enseñaron (a los políticos) en la cárcel a vivir de acuerdo con las reglas de los criminales”.

Japarov consideró estas sospechas una campaña para “empañar (su) nombre”.

En 2005, este jefe de una pequeña empresa petrolera en la región norteña de Issyk Kul, se convirtió en diputado tras una revolución que llevó a Kurmanbek Bakiev a la presidencia.

Este último se convirtió en el padrino político de Japarov, quien rápidamente se vio impulsado a la cabeza de la Agencia Nacional Anticorrupción.

Desde allí, se abstuvo de investigar las acusaciones de mecenazgo y malversación dirigidas a la familia de Bakiev, quien fue expulsado del poder y del país tras una violenta revuelta en 2010.

– Empapado en gasolina –

Japarov se convirtió en representante de un partido opositor.

También se hizo conocido por organizar manifestaciones en la provincia de Issyk Kul contra el operador canadiense de la mina de oro más grande del país, Kumtor, acusado de corrupción y violación de las normas medioambientales.

En 2013, en una manifestación, el gobernador fue tomado como rehén y empapado en gasolina.

Las autoridades acusaron del hecho a Japarov, le abrieron una investigación criminal y él huyó del país.

En 2017, a su regreso, fue arrestado y condenado a 11 años y medio de prisión por el secuestro del gobernador.

“La crisis política no ha terminado. Acabamos de completar una fase de la crisis y la siguiente está delante de nosotros”, dijo a la AFP un comentarista político kirguís, Azim Azimov. “Parece que la renuncia de Sooronbai Jeenbekov no fue completamente voluntaria”, añadió.

Kirguistán, el país más pluralista pero también el más inestable de Asia Central, ya ha experimentado dos revoluciones, en 2005 y 2010.

Dos de sus expresidentes están en el exilio y un tercero, Almazbek Atambayev, el predecesor de Jeenbekov, está en prisión.

Este estado montañoso, en las fronteras del antiguo imperio soviético, es también uno de los más pobres de la región y fue escenario de enfrentamientos mortales contra la minoría uzbeka en el sur en 2010.

(AFP)

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