La prensa que no le aplaude

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Desde que inició su mandato, el presidente Andrés Manuel López Obrador, no ha dejado, un solo día, de utilizar sus conferencias matutinas para descalificar a sus críticos.

Lo que hubiera sido un excelente ejercicio de información y rendición de cuentas, se convirtió en la tribuna de un hombre que arremete todos los días contra medios, columnistas y escritores, que no aplauden el ejercicio de su gobierno.

Lo que se veía en un inicio como un hito en materia de comunicación y transparencia, terminó por ser el cadalso desde el cual el presidente sentencia a medios críticos, a feministas, a luchadores sociales, a defensores del medio ambiente, a periodistas, a tuiteros, a todo aquel que no se rinde ante la transformación que él encarna para México, al linchamiento social a través de las hordas lopezobradoristas que pululan en redes sociales.

Las conferencias del presidente se han convertido en un espectáculo grotesco.

Un día acusa a servidores públicos de administraciones pasadas sin ofrecer una sola prueba; otro día, muestra un “análisis” sobre los columnistas que “hablan mal de él”; al siguiente, utiliza a sus patiños, pseudo reporteros, para atacar a medios y periodistas que documentan actos de corrupción en su gobierno. Al otro día, se mofa e insulta a escritores que disienten de él; sus descalificaciones no tienen fin. Son cotidianas. Absurdas, burdas, lamentables e indignantes.

Y aunque las mañaneras de López Obrador son un gran acierto propagandístico, ya que logra comunicarse directamente con los militantes del partido oficial, con sus simpatizantes, con “el pueblo bueno”, al que le ofrece a diario, desde el púlpito presidencial, la cabeza de algún “conservador” cómplice de los regímenes anteriores que hundieron a México en la miseria, distan mucho de ser una plataforma seria, de ser un conducto responsable por el cual se difunda información veraz del quehacer del gobierno y sobre los hechos más relevantes que acontecen en nuestro país.

AMLO no solo usa sus conferencias como propaganda gubernamental, para marcar su agenda o como hoguera para quemar en leña verde a sus críticos, también las usa para desestimar la propia información oficial, para encajar la realidad que vivimos en sus “otros datos” que divulga sin el más mínimo reparo de que está abonando a la desinformación y a la mentira.

Cada reportaje, nota, texto, que documente actos de corrupción de su gobierno, cada opinión, tuit, expresión, que señale sus incongruencias y falacias, que exhiba la simulación, incapacidad e indolencia de su administración recibirá como respuesta el descrédito presidencial.

Están con él o contra él. Blanco o negro, no hay de otra.

Su proyecto de nación exige lealtad ciega, no hay más. En la cuarta transformación se premia y se reconoce al que decide callar ante los agravios del presidente, al que aplaude a un gobierno anestesiado ante el dolor de las víctimas.

Aborrecen y atacan a la prensa que no aplaude, pero bien que se sirvieron de reportajes de medios críticos e independientes que documentaron el saqueo al país en el sexenio anterior para lograr millones de votos de ciudadanos hartos de las corruptelas de sus gobernantes.

En el lopezobradorismo solo los medios que den las buenas nuevas del reino merecen el reconocimiento del presidente.

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