La policía británica acusada de amenazar la libertad de prensa

Exembajador Kim Darroch y Donald Trump. Fotos: Paul Morigi and Brendan Smialowski /Getty Images/AFP
- Publicidad -

Una advertencia de la policía británica contra los medios de comunicación que publiquen documentos confidenciales suscitó este sábado indignación entre periodistas y políticos que denuncian un ataque a la libertad de prensa.

El jefe adjunto de Scotland Yard, Neil Basu, exigió el viernes a quien estuviera en posesión de documentos gubernamentales filtrados, citando a “dueños, redactores en jefe o editores de medios tradicionales o sociales”, que no los publique o los devuelva a las autoridades.

“La publicación de comunicaciones que fueron filtradas, teniendo en cuenta los daños que causaron o son susceptibles de causar, puede constituir un delito penal”, declaró Basu en un comunicado.

Basu anunció la apertura de una investigación criminal sobre las filtraciones a la prensa de cables diplomáticos críticos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un caso que provocó la dimisión del embajador británico en Washington.

El sábado, en un mitin con militantes conservadores en Wyboston, en el sur de Inglaterra, el candidato favorito para suceder a Theresa May como primer ministro, Boris Johnson, consideró que “no era concebible que diarios o cualquier otro medio que publique esos documentos fuera objeto de acciones judiciales”.

Su rival, Jeremy Hunt, afirmó en Twitter que el responsable de las filtraciones “debe responder de sus actos”, pero defendió con firmeza el derecho de la prensa a publicarlos.

Otras personalidades políticas también defendieron la libertad de prensa, como Bob Seely, diputado conservador en la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes, quien invitó a la policía a “reconsiderar su posición” y dijo temer que se cree un “precedente muy peligroso”, citado por el diario conservador The Telegraph.

En este mismo periódico, el exministro de Cultura, John Whittingdale, estimó que los periodistas “están ahí para contar historias, aunque molesten o no a las personas que mencionan”.

En cambio, el exministro de Defensa, Michael Fallon, apoyó la iniciativa de la policía. Los periodistas “tienen que ser conscientes de los daños considerables cometidos y los daños potenciales todavía más importantes que se pueden provocar con nuevas infracciones de la ley sobre los secretos oficiales”, declaró a la BBC el sábado.

Embajada de Reino Unido en Washington

Desde el viernes Scotland Yard  abrió una investigación criminal sobre las filtraciones a la prensa de cables diplomáticos muy críticos con el presidente estadounidense, Donald Trump, que provocaron la dimisión del embajador británico en Washington.

“La unidad antiterrorista de la policía metropolitana (de Londres), que tiene la responsabilidad nacional de investigar sobre las alegaciones de delitos penales de la ley sobre los secretos oficiales, abrió una investigación criminal” anunció el jefe adjunto de Scotland Yard, Neil Basu.

“Teniendo en cuenta las consecuencias ampliamente comunicadas (en los medios) de esta filtración, estoy convencido de que esto ha perjudicado a las relaciones internacionales de Reino Unido y que claramente sería de interés público llevar ante la justicia al o los responsables”, añade Basu.

En sus telegramas publicados en la prensa el sábado de la semana pasada, el embajador británico, Kim Darroch calificaba a Donald Trump de “inestable” e “incompetente” y a la administración estadounidense de “disfuncional”.

Donald Trump reaccionó el lunes asegurando ya no mantendría “más trato” con Kim Darroch, un “tipo muy estúpido”. También criticó a la primera ministra conservadora saliente Theresa May, que mostró su apoyo al diplomático.

Además, para el exembajador británico en Estados Unidos, Donald Trump sacó a su país del acuerdo sobre el programa nuclear iraní porque estaba asociado con su predecesor, Barack Obama, según unos documentos diplomáticos publicados en prensa.

“La administración apuesta por un acto de vandalismo diplomático, al parecer por razones ideológicas y de personalidad, se trataba del acuerdo de Obama”, escribió Kim Darroch en un cable diplomático en mayo de 2018.

En mayo de 2018, Boris Johnson, entonces ministro británico de Relaciones Exteriores, visitó Washington para intentar convencer al presidente estadounidense de que no retirara a Estados Unidos del mencionado acuerdo, firmado en 2015.

En un cable enviado después, Kim Darroch da cuenta de las divisiones en el equipo de Trump sobre esa decisión, y critica la ausencia de estrategia a largo plazo de la Casa Blanca.

“No pueden formular ninguna estrategia para el ‘día después’, y los contactos mantenidos con el Departamento de Estado esta mañana no sugieren ninguna suerte de plan para tender la mano a los socios y los aliados, ya sea en Europa o en la región”, escribió el embajador.

Cerrado en 2015 entre Irán, Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania, el acuerdo permitió un levantamiento parcial de las sanciones contra Teherán a cambio de que los iraníes se comprometieran a no dotarse del arma nuclear. El 8 de mayo de 2018, Donald Trump anunció la retirada de Washington de ese acuerdo.

El Gobierno británico anunció la apertura de una investigación para encontrar al o los responsables que permitieron que el diario The Mail on Sunday publicara los informes confidenciales.

“Perseguiremos al culpable con todos los medios a nuestra disposición”, declaró el miércoles Simon McDonald, jefe de los servicios diplomáticos británicos delante del comité de Relaciones Exteriores.

Donald Trump, aparentemente más calmado, deseó el viernes “buena suerte” al exembajador británico y declaró a periodistas en Washington que Londres debía solucionar su “problema de filtraciones”.

(AFP)

Comentarios