La “pigmentocracia” y la 4T

Asunción Nochistlán, Oaxaca.- Un hombre camina frente una estética ambulante en un tianguis dominical
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Para nadie es ajeno que en México por desgracia, persiste desde hace siglos un clasismo y racismo innegables en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Se trata de prejuicios heredados desde épocas coloniales y aun antes, si se escarba en la historia prehispánica, pues del estudio de la historia se sabe  que el poderoso imperio azteca sojuzgaba a otros pueblos originarios del antiguo territorio que hoy es México, a quienes consideraba inferiores.

Los conquistadores españoles  con el argumento de la evangelización se aprovecharon de su triunfo para explotar a los indígenas a través de las encomiendas, a la vez que propiciaron y favorecieron también el surgimiento del sistema de castas que prevaleció durante siglos y marcaba de manera infame a los miembros de la sociedad según su origen étnico.

De entonces a la fecha han pasado muchos años, sin embargo subsisten en gran parte de nuestro entorno social tanto el clasismo y el racismo que discriminan a ciertos sectores de la población con mucha frecuencia en función del color de su piel. A tales conductas ha contribuido también, sin duda, nuestra cercanía con los Estados Unidos pues con frecuencia se le atribuye un valor desproporcionado a la influencia cultural de la parte “blanca” de la sociedad norteamericana.

A pesar de existir en la actualidad en México tanto leyes como organismos públicos y privados que buscan inhibir y reorientar el pensamiento y las conductas sociales discriminatorias, estas subsisten en mayor o menor grado y es responsabilidad de todos, el que desde nuestras familias y en el sistema educativo en todos los niveles se luche contra ellas.

La semana pasada durante un panel de discusión en la emisora de televisión Foro TV, se analizaba el tema del evento de carreras de automóviles Fórmula 1, que finalmente seguirá realizándose en la Ciudad de México, gracias a que será financiado en su totalidad por inversionistas privados, sin participación del gobierno federal ni del local, como venía ocurriendo en los últimos años.

Una de la panelistas, de nombre Estefanía Veloz, celebrando el hecho de que no haya dinero del gobierno en la organización de este evento -lo cual ciertamente es loable desde la lógica de que mientras menos intervención estatal haya en los eventos que los particulares pueden generar por su propia cuenta y riesgo, más beneficios se obtienen para la sociedad-, añadió que más allá de ser un tema clasista también se trata de un tema de “pigmentocracia”, en clara alusión al color de piel de los asistentes. “Entras al lugar y todo mundo es güerito y de ojo verde”, añadió.

El comentario generó revuelo en las redes sociales pues lejos de coadyuvar en beneficio de la no discriminación, lo que hizo fue reavivar los eternos prejuicios y resentimientos sociales que siguen prevaleciendo en muchos ámbitos.

La proliferación de los conceptos fifí por una parte y chairos, por la otra, generados de manera importante a raíz del triunfo del presidente López Obrador hace poco más de un año, han atizado los sentimientos de divisionismo en nuestra sociedad y han permeado de forma muy negativa tanto entre los partidarios del nuevo gobierno como entre quienes no están de acuerdo con sus decisiones y políticas. Esta clasificación en nada ha abonado a la armónica convivencia, al respeto y a la tolerancia.

Quienes en algún momento hemos tenido acceso a un micrófono, a una cámara de televisión o a un espacio periodístico de cualquier tipo, con independencia de nuestra irrenunciable libertad de expresión y de opinión, tenemos ante todo, una responsabilidad frente a quienes puedan vernos, escucharnos o leernos. Dicha responsabilidad implica poner por encima de todo el interés y bienestar común del cuerpo social procurando la armoniosa convivencia de quienes lo integramos evitando caer en la tentación de un protagonismo divisionista y antagónico.

Apenas hace unos días supimos de la matanza en El Paso, Texas en la que los principales objetivos del atentado eran nuestros connacionales, según confesó el propio asesino. El odio racial y la discriminación de cualquier género, son venenos contra el que hay que vacunarnos y vacunar a nuestros hijos. Propiciarlos es casi equivalente a jalar el gatillo junto con los autores de este tipo de crímenes.

En estos tiempos políticos inéditos de la 4T  que nos han tocado vivir, nadie está legitimado ni desde el gobierno ni desde ningún foro público, para propiciar el divisionismo social y menos en función de un mero accidente biológico como lo es el color de la piel o de los ojos.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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JOSE EUGENIO CASTAÑEDA ESCOBEDO LICENCIADO EN DERECHO POR LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA DE LA CDMX PROFESOR DE DERECHO CIVIL Y MERCANTIL DESDE HACE 25 AÑOS. NOTARIO PUBLICO 211 DEL DISTRITO FEDERAL DESDE 1994. COLABORADOR EDITORIAL DE EL MAÑANERO DEL 2004 AL 2010 COLABORADOR EDITORIAL DEL PERIODICO EL FINANCIERO DE 2006 AL 2014