La muerte tiene permiso

Adán Vez Lira
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El 19 de marzo pasado se reportó la desaparición de la activista defensora del pueblo de Wirikuta, Paulina Gómez Palacio Escudero; tres días después, el 22 de marzo, en el municipio de El Salvador, en Zacatecas, encontraron su cuerpo violentado, con signos de tortura, la asesinaron de un balazo.

Un día después, el 23 de marzo, en Jiutepec, Morelos, fue acribillado en su domicilio el activista medioambiental Isaac Medardo Herrera Avilés, destacado defensor de la reserva natural de Los Venados” en Morelos.

A los pocos días, en San Felipe, Guanajuato, fue asesinada a balazos la activista trans Karla Valentina Camarena del Castillo, defensora de los derechos de la comunidad trans y directora de la red Mexicana de Mujeres Trans de Guanajuato.

Trágicos hechos que se suman al asesinato del ambientalista y defensor del área natural La Mancha en Veracruz, Adán Vez Lira, asesinado de nueve balazos el pasado 08 de abril. Cuatro defensores de derechos humanos y del medio ambiente asesinados en México en menos de 20 días. La muerte tiene permiso en nuestro país, igual pueden asesinar a un periodista un día, a un activista al otro día, y no pasa nada.

No sé qué sea más oprobioso, si el silencio que guardan las autoridades ante el repudio de la sociedad por estos asesinatos, si la inacción, la incapacidad, la ineptitud de los gobiernos estatales, municipales y federal para frenar el acoso, las amenazas y la violencia contra los defensores del agua, de los derechos humanos, del territorio, del medio ambiente y de la tierra, o el mutismo de los intelectuales de Morena, de los luchadores sociales de izquierda” y de funcionarios públicos, que con tal de no criticar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, optan por dar un paso atrás en la defensa de los más vulnerables.

Ayer, cuando eran opositores, alzaban su voz por migrantes, activistas e indígenas, hoy deciden qué protesta es legítima para los intereses del Presidente. Si va en contra de su proyecto de Nación, los envían al paredón, los insultan, los linchan en las redes sociales; ¡faltaba más! que salieran en defensa de quienes acusan violación de sus derechos humanos por parte del gobierno humanista que tenemos.

Su silencio se asemeja a una traición. Han dejado de lado sus batallas para sumarse a lo que ellos dicen, es la panacea de todos nuestros males: la cuarta transformación.

Han cambiado sus banderas, otros ya las olvidaron, las redujeron a cenizas, otros más, los más cínicos, salen a diario a escupir en ellas, ha pisotear la lucha de quienes reclaman justicia y verdad, de quienes exigen transparencia y rendición de cuentas, de quienes piden al gobierno que asuma su responsabilidad y deje de culpar a las administraciones pasadas de sus propios equívocos y ocurrencias.

Han dejado de lado la razón, la mesura, los datos duros, para seguir la voz de un solo hombre. Se volvieron fieles al proyecto de su ídolo al tiempo que abandonaron sus proclamadas convicciones. Todos los días salen a anunciar que son distintos, a aplaudirle todo al Presidente, a celebrar que nuestros impuestos se usen para obras faraónicas en medio de la peor crisis sanitaria y de salud que hemos vivido en la historia reciente, al fin que los que se fueron, hicieron cosas peores.

Justifican la justicia selectiva, la opacidad, la simulación, mientras bailan al ritmo que les tocan desde Palacio Nacional. Mientras tanto la violencia sigue, el baño de sangre en nuestro país no se detiene. Marzo cerró como el mes más violento del que se tenga registro en nuestro país, pero ellos callan o culpan a su villano favorito de todas las desgracias nacionales.

Mientras ellos aplauden, la muerte en México tiene permiso y, como si nada, pueden asesinar a cuatro activistas en menos de 20 días sin que ocurra absolutamente nada.

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