La misión del “Ocean Viking” fue una “pesadilla” por falta de “solidaridad”

Un trabajador italiano de la salud entrega bandas numeradas a los migrantes antes de desembarcar. Foto: Shahzad ABDUL / AFP
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Entre las tensiones a bordo y el bloqueo en el mar, la nueva operación de rescate en el Mediterráneo del buque humanitario “Ocean Viking” se ha vuelto una “pesadilla”, confía a la AFP el responsable de las operaciones de socorro Nicholas Romaniuk, que deplora la ausencia de “solidaridad” europea.

Después de tres meses de pausa debido a la crisis sanitaria, el barco-ambulancia zarpó de Marsella el 22 de junio y desembarcó, en la noche de lunes al martes, a 180 migrantes en el puerto siciliano de Porto Empedocle, frente al cual quedó ahora en cuarentena por 14 días.

PREGUNTA: Ha habido muchas “primera vez”. Primera misión en el contexto covid-19, primera persona que salta por la borda, primer desencadenamiento del estado de emergencia. ¿Qué pasó?

RESPUESTA: “De alguna manera, el contexto covid-19 fue el comienzo del estado de emergencia. Eso complicó las cosas. Se establecieron procedimientos muy estrictos para evitar el contagio. Todo el mundo dio negativo a las pruebas de detección. Pero eso cambió la forma de cuidar a la gente. Había  barreras físicas. Normalmente se pasa mucho tiempo hablando, jugando a las cartas (con los migrantes).

Sabemos de rescates. Pero alguien con problemas psicológicos, con ideas suicidas, puede ser mortal. De hecho dos personas saltaron del barco.

El estado de emergencia significó que ya no estábamos en condiciones de garantizar que en la noche, alguien que quisiera suicidarse no se tirara al agua y desapareciera. No se trataba de una cuestión de seguridad, nunca sentí que se iba a perder el control del barco, aunque algunos miembros de la tripulación no se sentían seguros y otros no podían salir porque podían ser atacados.

En cuatro años y medio, nunca tuvimos que llegar a eso, así que tenemos que averiguar qué pasó”.

P: ¿Cómo vivió usted la situación?

R: “Fue duro. Fue una pesadilla. Esa angustia, esa ansiedad, nunca la había vivido. Cada vez que sonaba la radio me sobresaltaba. Estábamos siempre alerta, y el equipo terminó agotado física y mentalmente.

Sabemos que este trabajo no es fácil, que a veces es feo. Nos enfrentamos a la muerte, a todos los problemas de la sociedad. Salvamos seres humanos, que no son diferentes de los demás. Hay gente buena, otros que sufren o están deprimidos. Y, como todos los seres humanos, no quieren verse atrapados sin una posibilidad de acceder a una vida normal. Era sobre todo desesperación”.

P: A pesar del acuerdo de reparto de La Valeta, firmado en septiembre de 2019, se encontraron de nuevo bloqueados en el mar durante 10 días. ¿Es esto un retroceso?

R: “Cada verano (boreal) es lo mismo. Pero esta vez, durante el invierno, la gente siguió pasando, incluso en ausencia de los barcos de las oenegés. ¿Hasta cuándo vamos a seguir hablando? ¿Cuándo vamos a pensar que no es normal que la gente muera en el Mediterráneo? ¿Qué sentido tiene dejar a los barcos vagar durante semanas?

No es un retroceso, es una huida hacia adelante en la dirección equivocada. Había solidaridad en el mar, que existía, por ejemplo, para los ‘boat people’. Había un sentimiento de orgullo, un deber de ayudar a los seres humanos en dificultad. Pero eso es el pasado. El futuro no es solidaridad, sino cada uno por sí mismo.

Durante esta misión, hay centros de investigación y coordinación que ni siquiera han respondido al teléfono. ¡Es una vergüenza! Un bombero, cuando interviene en un incendio, ¿le pide a la gente sus papeles antes de salvarlos? Estamos aquí, entre dos orillas, para evitar que la gente que ha tomado la decisión de cruzar, por una u otra razón, muera. Es muy simple, no es política. Y mientras haya una emergencia humanitaria, no nos detendremos”.

(AFP)

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