LA LISTA DE BARTLETT

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El director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, hizo públicos los nombres de aquellos exsecretarios de Energía que, al termino de su cargo, aceptaron trabajar en empresas que habían beneficiado con contratos.

Un día después, el presidente de la República anunció que enviaría al Congreso una iniciativa para impedir que ex servidores públicos puedan trabajar en el sector privado y en el mismo ramo, durante 10 años.

Es cierto que durante los últimos sexenios muchos secretarios de Estado utilizaron sus cargos para hacer negocios con  la iniciativa privada. Es verdad que, como lo ha señalado el presidente, hay casos ofensivos y escandalosos.

También es verdad que la política y la administración pública deben dejar de ser ese espacio, ese trampolín, donde se llega a hacer dinero, antes que servir al país.

El gobierno, para decirlo rápido, ya no debe ser concebido como un botín.

Pero, habría que hacer algunas precisiones.

El presidente dijo que, hasta este momento, trabajar en una empresa privada del mismo sector, después de haber dejado el cargo no es ilegal, pero, sí es inmoral.

Si no es ilegal, entonces, ¿para qué exhibir los nombres  de aquellos funcionarios que hoy trabajan en empresas privadas?

¿Se trata, únicamente, de hacerlos ver como corruptos? ¿Lo que se busca es poner en el eje del bien a los actuales funcionarios y en el eje del mal a quienes formaron parte de otros sexenios?

Este tipo de señalamientos  recuerda a quienes desde una moral o ideología religiosa tiran piedras a una mujer viuda o divorciada que decide volverse a casar.

Gobernar, desde una moral personal y no desde la ley, puede llevar a cometer serias violaciones a los derechos humanos.

Los exsecretarios de Energía señalados pueden ser tan deshonestos como se quiera, pero podrían demandar al gobierno por afectar su imagen e integridad, en caso de no existir pruebas contundentes.

¿Las hay? ¿O se trata, simplemente de lanzar acusaciones a diestra y siniestra?

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