La libreta verde y la mochila de guerra de El Che

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Son pocas la imágenes  del santoral laico universal. Allí están la Gioconda, Marilyn Monroe, Frida Kahlo y, entre otros, El Che Guevara.

En cualquier continente existen imágenes de ellos y la omnipresencia de la internet ha permitido que permeen en todos los estratos. Se multiplican en camisetas, vestidos, tazas, pósters, circulan en videos, películas, animaciones.

Este año se cumple el 50 aniversario de la muerte del Che Guevara. Julio Cortázar le dedicó un poema, donde lo llamó hermano, el hermano que nunca vio, que iba por los montes mientras él, Cortázar, dormía. “No nos vimos nunca, dijo el escritor, pero no importaba”. Lo quiso a su modo.

Otros poetas también escribieron sobre el Che Guevara: Pablo Neruda, Mario Benedetti, Nicolas Guillén. A Paco Ignacio Taibo II debemos quizá su mejor biografía  y varias películas se han hecho sobre el guerrillero más conocido. La más  reciente fue “Diarios de Motocicleta” protagonizada por Gael García Bernal.

A cincuenta años de su muerte, de su ejecución, descubrí que también fue un gran lector. En su mochila de campaña llevaba pertrechos de combate, pero también libros. En África juntó más de trescientos, que leía en los tiempos y espacios más inverosímiles que sólo puede propiciar la guerrilla.

Los enterró al huir de El Congo. Lo mismo estaba El Capital de Carlos Marx que la Odisea, Las obras de Lenin y Las diecinueve tragedias de Eurípides, Los Diálogos de Platón  y Las Vidas paralelas de Plutarco.

Pero en su famosa mochila de combate cargó, como un elemento básico, una libreta verde donde anotaba los libros que había leído y los que quería leer.

También allí escribió un puñado de poemas para que lo acompañaran a todas partes. En esa antología el guerrillero-lector había escrito a mano los poemas que serían su alimento básico en cualquier momento: tenía Los Heraldos negros de Cesar Vallejo, Farewell y Una canción desesperada de Neruda y Cristo de León Felipe.

No recuerdo más, pero me bastan para entender por qué, en esta época de desilusiones políticas, el Che Guevara persiste en la memoria del imaginario colectivo.

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