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Querido lector: La consigna,  “no se mata la verdad matando periodistas”, se hizo viral a raíz del asesinato del fundador del semanario RíoDoce, Javier Valdez.

Es cierto, a la verdad no se le mata, pero la que sí es asesinable es la libertad de expresión.

Si al periodista lo aniquila el crimen organizado por medio de uno o cincuenta balazos, a la libertad de expresión la matas con el solo intento de prohibirle a un periodista que deje de expresarse como se expresa; al prohibirle pensar, como piensa; al tratar de someter su pluma a los dictados de un régimen autoritario, o bien, acusándolo de ser, lo que no es, como hizo Andrés Manuel López Obrador con José Cárdenas, al llamarlo calumniador.

Tuve que escuchar varias veces la grabación para entender la dimensión de lo que había sucedido la noche del jueves pasado en el noticiero Todas las noticias; todas las voces.

La violencia con que el líder de MORENA descalificó al periodista por preguntarle si tenía algún tipo de alianza con la maestra Elba Esther Gordillo, puso ante mi, de manera inevitable, la siguiente pregunta: ¿qué futuro tendríamos todos los que hemos sido críticos de López Obrador, en caso de que él llegara a la Presidencia de la República?

Si hoy, que sólo tiene una pequeña parte del poder, llama calumniadores a todos los que no están de acuerdo con él, qué medidas tomaría en contra de sus críticos al tener a su disposición todos los recursos jurídicos, políticos y policíacos.

La frase amenazante “¡No sean calumniadores!” que le espetó a Pepe, se agrega a muchos otros “¡cállate!” que ha repartido a lo largo de su vida política contra sus adversarios o contra los que considera sus enemigos.

Se lo dijo en Nueva York, al padre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos  de Ayotzinapa quien le reclamó  no  haberse comprometido con el caso: “¡Ya cállate!” le dijo. Lo que rememoró el “¡ya cállate, chachalaca!” al entonces Presidente Vicente Fox, el 17 de marzo de 2006. Lo que evoca otras imposturas como “¡Al diablo con las instituciones!”.

Permítame insistir, lector: ¿Cómo sería AMLO con la prensa critica, una vez sentado en la silla presidencial?

¿A los periodistas muertos, tendríamos que agregar los periodistas vetados, encarcelados, exiliados o también desaparecidos y asesinados por poner en riesgo la paz pública?

Me parece que, independientemente de las simpatías o fobias políticas que cada quien pueda tener, estamos obligados a hacernos este tipo de preguntas.

De lo contrario, puede ocurrir lo que nos enseña Martin Niemoller en su famosa denuncia contra el régimen nazi: “Cuando vinieron a llevarse a los comunistas, a los social demócratas,  a los católicos, a los sindicalistas, a los judíos”, a los periodistas, no protesté porque yo no soy Pepe Cárdenas.

   

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