La importancia de la sociedad civil

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Generalizar siempre es arriesgado cuando se emite un juicio de valor.  En el caso de la antropología y de las ciencias sociales no es recomendable hacerlo. Menos aún en tiempos como los actuales, en que los elementos que componen el conglomerado que integra una nación es tan diverso y plural.

En México existen instituciones ciudadanas que sin duda tienen reconocimiento desde hace siglos, mientras que nuevos colectivos tanto formales como informales surgen día con día con intereses y visiones de lo más plural.

De ahí que descalificar genéricamente a la denominada sociedad civil y las organizaciones que de ella emanan sea sin duda injusto y arriesgado. Sin sociedad civil, entendida como el espacio en el que los ciudadanos de las más variadas ideologías y formas de pensar expresan y canalizan intereses y objetivos comunes de manera voluntaria, organizada y de forma independiente del Estado, no podría haber democracia.

Cuando se ha pretendido neutralizar, de cualquier forma, las expresiones de la sociedad civil, como ocurre con frecuencia en regímenes totalitarios, estas han terminado por regresar y ser reconocidas con mayores fuerza e influencia. De ahí que, en un sistema democrático como el que hemos construido en México durante las últimas décadas, sea tan importante no solamente salvaguardar su existencia, sino promover su surgimiento así como las diversas manifestaciones que representa.

La sociedad civil se expresa de las formas más variadas, ejemplo de ello hay, por mencionar solo algunos, en los colegios de profesionistas, en las organizaciones no gubernamentales como la Cruz Roja, en los institutos de investigación, en los clubes y las fundaciones benéficas en los organismos defensores de derechos humanos de los migrantes, en los sindicatos, grupos religiosos, y en los llamados think tanks, laboratorios de ideas y centros de reflexión y análisis. Incluso a través de las redes sociales, que se han convertido en el medio de comunicación más inmediato y democrático del mundo, la sociedad civil se expresa a través de hashtags que se vuelven tendencia con rapidez y cada vez con mayor frecuencia.

La sociedad civil se ha manifestado también de manera singular en los momentos de las mayores emergencias que han afectado al país. Así ocurrió después del terremoto de 1985, posteriormente a raíz de diversos fenómenos naturales como el huracán Gilberto en 1988 y más recientemente como consecuencia de los fenómenos sísmicos de septiembre del 2017. En muchos casos ha sido evidente que la respuesta y reacción ciudadanas rebasaron la capacidad del Estado para hacer llegar la ayuda y atender las emergencias.

Denostar pues a la sociedad civil como una expresión libre en una nación con un régimen político democrático como lo es el nuestro, y como ha quedado evidenciado durante el último proceso electoral de julio del año pasado, es sin duda un error evidente.

Por el contrario, respetar su trabajo, con independencia de su ideología,  su surgimiento y desarrollo debe procurarse desde las instancias del poder -siempre que se desarrollen en el marco de las leyes-, aunque con frecuencia sus expresiones puedan resultar incómodas para quienes tienen hoy la enorme responsabilidad de dirigir los destinos del país.

Limitarlas o señalarlas con dedo flamígero es una apuesta arriesgada, un tiro que puede salir por la culata.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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JOSE EUGENIO CASTAÑEDA ESCOBEDO LICENCIADO EN DERECHO POR LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA DE LA CDMX PROFESOR DE DERECHO CIVIL Y MERCANTIL DESDE HACE 25 AÑOS. NOTARIO PUBLICO 211 DEL DISTRITO FEDERAL DESDE 1994. COLABORADOR EDITORIAL DE EL MAÑANERO DEL 2004 AL 2010 COLABORADOR EDITORIAL DEL PERIODICO EL FINANCIERO DE 2006 AL 2014