La guerra en Siria cumple nueve años sin salida a la vista

El 15 de marzo de 2011, en el marco de la Primavera Árabe estalló un movimiento de protesta en Siria, gobernada con mano de hierro durante los últimos 40 años por la familia Al Asad

Un combatiente sirio apoyado por Turquía dispara contra posiciones del gobierno en la provincia de Idlib al noroeste de Siria. Foto: Omar HAJ KADOUR / AFP
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Siria entra en su décimo año de una guerra devastadora, sin salida a la  vista para ese país convertido en un campo de enfrentamiento de las grandes potencias, donde los civiles siguen pagando el precio más alto.

Los sirios, que salieron a la calle en marzo de 2011 para reclamar democracia y libertad, nunca habrían imaginado que su “revolución” se transformaría en un conflicto que ha causado más de 380.000 muertos.

Nueve años después, el presidente Bashar al Asad parece más inamovible que nunca.

Apoyado por Rusia, Irán y el Hezbolá libanés, su régimen ha recuperado más de 70% del territorio, donde solo queda ahora un frente principal: la región de Idlib, en el noroeste, que representa el último gran bastión yihadista y rebelde.

La guerra ha devastado la economía y arrasado decenas de ciudades, provocando el éxodo de más de 11 millones de personas: desplazados o refugiados que a veces se amontona en las fronteras de Europa.

Se trata de la mayor ola de desplazamientos del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Y el país sigue siendo el escenario donde se enfrentan potencias internacionales y regionales, particularmente Rusia y Estados Unidos o Turquía, Israel e Irán.

“No es un simple conflicto internacional”, resume el analista Fabrice Balanche.

– “Destrucción y exilio” –

La chispa de la revuelta se encendió en marzo de 2011 en la ciudad de Deraa (sur). Unos 15 de adolescentes, inspirados por la primavera árabe en Túnez y Egipto, escribieron sobre los muros de su escuela lemas contra Al Asad.

El movimiento se extinguió, pero con la represión surgieron facciones rebeldes financiadas y armadas por algunos países del Golfo y apoyadas por los occidentales. El conflicto se complicó con el ascenso de los yihaditas, principalmente del grupo Estado Islámico (EI).

Años de ofensiva dispersaron a esta organización, que sembró el terror en Medio Oriente y realizó sangrientos atentados en Europa.

Pese a la erradicación en marzo de 2019 de su “califato” en Siria por fuerzas kurdas apoyadas por una coalición internacional dirigida por Washington, el EI sigue llevando a cabo ataques mortales.

Cuando el EI conquistó en 2014 su provincia natal de Deir Ezzor (este), Omar Abou Leila huyó al extranjero.

Fundador del sitio de noticias “Deir Ezzor 24, este joven reprocha a la comunidad internacional haberse centrado en la lucha antiyihadista, eclipsando el objetivo de la “revolución”, la caída de Asad.

Sin embargo, si bien el régimen sigue vigente, siguen interviniendo en Siria cinco ejércitos extranjeros. Además de Rusia, Irán ha desplegado fuerzas tratando de consolidar su corredor hacia el Mediterráneo.

A pesar de la retirada iniciada a fines de 2019, sigue habiendo tropas estadounidenses en el noreste, donde los kurdos gozan de una semiautonomía.

Washington busca asegurar los hidrocarburos, pero sobre todo frenar la influencia iraní. En este mismo sentido, Israel lanza regularmente ataques contra posiciones del régimen, de Irán o de Hezbolá.

La vecina Turquía, que apoya a grupos armados locales y ha desplegado tropas en el norte, ha lanzado varias ofensivas contra las fuerzas curdas.

A principios de marzo, Ankara negoció con Moscú la suspensión de una ofensiva del régimen contra la región de Idlib, pero la tregua sigue siendo frágil.

– “Se acabó” –

Según la ONU, una ofensiva lanzada en diciembre provocó la huida de alrededor de un millón de personas hacia la frontera turca, haciendo temer a Turquía, que ya acoge a 3,6 millones de sirios, un nuevo flujo en su territorio.

El gobierno tuco abrió entonces a fines de febrero sus puertas a todos los solicitantes de asilo que desearan llegar a Europa.

El régimen sirio quiere recuperar todo el país. Pero para los expertos, Turquía debería  conservar una franja de territorio en el norte de Siria, donde serían confinados los civiles y combatientes anti-Asad.

“El año 2020 será sin duda el último de un conflicto abierto”, considera Balanche, estimando que el país se dividirá entre “un protectorado ruso-iraní” y la presencia turca.

“Asad (…) será reelegido en 2021. El régimen impondrá una capa de plomo (…) porque su prioridad es la restauración del sistema de seguridad”, cree el experto.

Las ONG acusan al gobierno y a facciones armadas de arrestos arbitrarios de sospechosos de oponerse al régimen y de decenas de miles de desapariciones forzadas.

Omar al-Hariri, quien se refugió en el extranjero tras la reconquista por el régimen de su provincia Deraa en 2018, no tiene ninguna ilusión.

“Si hoy le preguntan a la gente si quieren volver a antes de 2011, la mayoría dirá que sí. Pero de todos modos, no hay nada más que decir, se acabó”, expresó.

(AFP)

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