La Fórmula 1 busca pintarse de verde

Foto: PEDRO PARDO / AFP
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Y de repente, la Fórmula 1 quiere pintarse de verde: bastó una aparición en redes sociales de Lewis Hamilton para que en México, donde se celebra la 18ª carrera del campeonato este fin de semana, se interrogue a los pilotos sobre medio ambiente y cambio climático.

Aprendimos que el propio Hamilton usa un cepillo de dientes reciclable y vendió varios autos de su colección, al tiempo que elimina el plástico de su casa.

Charles Leclerc dice que proteger el medio ambiente será una de las prioridades de su próxima línea de ropa y su compañero de escudería en Ferrari, Sebastian Vettel, admite que la F1 “no deja una huella de carbono precisamente pequeña”.

“Creo que deberíamos enviar un mensaje mucho más contundente sobre este tema y todos podemos hacer algo, contribuir un poco. Marcaría una gran diferencia”, opinó el cuatro veces campeón del mundo alemán.

Pero quien lidera el movimiento sigue siendo Hamilton, quien, a sus 34 años, podría ser coronado campeón mundial por sexta vez este domingo.

Preguntado en la previa del Gran Premio de México, el piloto enumeró todo lo que hace para reducir su huella de carbono y dejar su balance en cero de aquí a fin de año.

Además del cepillo de dientes y el plástico, usa un desodorante reciclable, un automóvil eléctrico y piensa separarse de su Maybach, un coche de lujo fabricado por Mercedes, su equipo en la F1, tras vender su jet privado.

Sin embargo, aseguró que “no tenía absolutamente ninguna intención” de pasarse a la Fórmula E (eléctrica), como le propuso el doble campeón mundial de la disciplina, el francés Jean-Eric Vergne.

Hace unos 10 días, Hamilton atacó en Instagram al sector agrícola, señalando que contamina más que toda la industria del transporte combinada, y defendió su dieta “vegana”.

Viniendo de un piloto de una modalidad deportiva que consume alrededor de 45 litros por cada 100 kilómetros y usa unos veinte neumáticos por carrera -todos reciclados según el fabricante Pirelli-, la lección moral no cayó demasiado bien, aunque permitió que el recluido mundo de la F1 abordara la cuestión medioambiental.

Ello ayudó a constatar como la producción total de CO2 de los automóviles durante un fin de semana de carrera (incluidos los ensayos) es de 17 toneladas, en comparación con casi una tonelada por pasajero para un vuelo de ida y vuelta entre Londres y Nueva York.

Los autos F1 también han estado utilizando motores híbridos de recuperación de energía desde 2014, que han reducido su consumo de combustible y también el ruido, para disgusto de algunos aficionados que echan de menos el rugido y el olor de los motores 100% térmicos.

Mientras cuestiona qué es exactamente lo que le falta para dominar a Hamilton, su compañero de equipo en Mercedes, Valtteri Bottas descarta la posibilidad de volverse vegano como él.

“No sé, nunca lo he intentado. Personalmente me gusta hacer cosas con las que me siento bien, como comer”, dijo el finlandés.

Valtteri Bottas

En cuanto a Max Verstappen, el joven prodigio de la F1, es uno de los pocos que no cede ante la tentación verde.

“Me gusta la gasolina, ¿tengo derecho a decir eso?”, bromeó en Ciudad de México, no hace mucho una de las urbes más contaminadas del mundo.

“Sé que el medio ambiente es muy importante, pero la F1 ha existido durante mucho tiempo y tampoco hay que volverse locos. Tenemos que vivir con ello. Si no te gusta, no lo mires”, zanjó el holandés, sin miedo a dar la nota.

(AFP)

Max Verstappen

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