La cuarta simulación

“Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo”.- Cicerón

- Publicidad -

El movimiento que prometía las grandes transformaciones para México, lleva dos años culpando a las administraciones pasadas por sus yerros. Y es que la épica solo florece en el discurso que se marchita al ser confrontado con la realidad en la que vivimos. Datos duros, le dicen.

Para Andrés Manuel no hay señalamiento de corrupción en su gobierno que valga, para el mandatario todo es “una mentira de los conservadores”. Sin reparar un segundo en la autocrítica, sin poder rebatir un solo dato de investigaciones que ponen de manifiesto que la corrupción, el influyentismo, el nepotismo, amiguismo, “todas esas lacras de la política” como él les llama, siguen encontrando cobijo en su administración.

Sobre la denuncia de robo de joyas, bienes mutilados, contratos en detrimento de la institución, entre otras irregularidades que expuso Jaime Cárdenas en su carta de renuncia como titular del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado (Indep), Obrador afirmó que “no había nada de qué preocuparse”, que era un asunto “politiquero”.

Sobre los contratos millonarios que Pemex otorgó a su prima Felipa Obrador, dijo que se trató de “una omisión en los procedimientos”.

Sobre el video donde su hermano Pío aparece recibiendo fajos de billetes de manos del entonces asesor de Manuel Velasco cuando fungía como gobernador de Chiapas, señaló que “eran aportaciones para el movimiento”.

Sobre el oficio falso que presentó la CFE para explicar el apagón masivo ocurrido el 28 de diciembre pasado, en vez de condenar el delito, celebró que la Comisión reconociera “su error” de presentar un documento apócrifo.

Sobre la reciente determinación de la FGR de no ejercer acción penal contra el general Cienfuegos, defendió la decisión de la Fiscalía y acusó a la DEA de “fabricar delitos y acusar sin pruebas” al ex secretario de la Defensa.

Sobre las acusaciones de abuso sexual que pesan en contra del senador con licencia, Félix Salgado Macedonio, candidato de Morena a gobernar Guerrero, afirmó que “son un asunto partidista y producto de la temporada electoral”.

La lista de las lamentables e irresponsables respuestas que ha dado López Obrador ante reportajes que documentan actos de corrupción y opacidad en lo que va de su gestión, es larga. No me alcanza el espacio para enumerarlas. 

Al mismo tiempo que Obrador asegura que “ya están sentadas las bases para la construcción de una patria nueva”, ha emprendido una feroz campaña contra el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). El tabasqueño pretende que el órgano que garantiza nuestro derecho a la información entre otros, sea absorbido por la Secretaría de la Función Pública. La misma dependencia cuya titular aseguró que “levantaron todas las piedras, investigaron a todos los involucrados, investigaron por todos lados” pero no encontraron un solo indicio de que Manuel Bartlett fuera el propietario de 25 inmuebles (23 casas y dos terrenos) señalados como suyos en una investigación periodística. No hallaron ninguna irregularidad en su declaración patrimonial. “Todo en orden, mi capitán, su director de la CFE, es un funcionario honesto. Digno de nuestra cuarta transformación”.

Esa es la Secretaría que López Obrador pretende catafixiarnos por el INAI. La misma que inhabilita y multa a funcionarios implicados en actos de corrupción del gobierno anterior, pero que no sanciona con el mismo rigor a los funcionarios obradoristas  corruptos. La misma Secretaría que entre 2019 y el primer semestre de 2020, reservó hasta por 5 años datos del SAT, la SCT, la FGR, Banobras, entre otras. En solo 18 meses, la SFP ordenó limitar el acceso a 6 mil 572 expedientes. En promedio, clasificó 12 expedientes al día desde enero de 2019. Así el nivel de transparencia y rendición de cuentas de la dependencia a la que Obrador quiere darle las atribuciones del INAI.

La máxima dice que “si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”. Lavarle la cara a funcionarios corruptos y salir en su defensa cada que cometen alguna tropelía, es la más clara evidencia de que la cacareada “nueva forma de hacer política” del gobierno obradorista, no es más que una tremenda simulación.

Por un lado, presumen ser el gobierno “más transparente”, por el otro reservan o clasifican como confidencial información sobre el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía, la renta de Bellas Artes a la iglesia La luz del Mundo, los contratos de compras de vacunas contra el Covid, la explosión en Tlahuelilpan, la venta del avión presidencial, la venta del acero del NAIM, el operativo contra Ovidio Guzmán, las coberturas petroleras, las muertes por suministro de heparina sódica contaminada en un hospital de Pemex en Tabasco, las muertes por covid, entre otros. 

Por un lado, denuncian que la oposición lucra con la vacuna contra el Covid-19 y por el otro, integran a las brigadas de vacunación a los “siervos de la nación”, promotores del voto por Morena; a la vez que vacunan a maestros en Campeche, un estado donde habrá elecciones y se encuentra en semáforo amarillo. Mientras personal médico que lleva meses luchando contra el virus, tiene que esperar por las dosis.

Por un lado, aplauden a rabiar al subsecretario Hugo López-Gatell, justifican que se haya ido de vacaciones a la playa en medio de un alto índice de muertes y contagios, defienden con uñas y dientes su estrategia contra la pandemia, mientras México se ubica en el primer lugar mundial con más decesos de personal de salud por Covid y el tercero en el mundo con más muertes oficiales por coronavirus.

Mientras los asesinatos de periodistas, de activistas y defensores del medio ambiente continúan al alza, mientras 2020 cierra con 35 mil asesinatos y en 11 estados de la República se incrementa el número de homicidios, Andrés Manuel afirma que vamos bien, que no hay crisis, que son inventos de mentes perversas que quieren impedir la transformación del país. 

Por más que agite su pañuelo blanco desde el atril presidencial, los casos de corrupción, el desvío de recursos, los contratos millonarios otorgados por adjudicación directa, siguen desnudando a su gobierno.

Ni las masacres, ni la corrupción, ni la impunidad, han desaparecido. Forman parte de un movimiento que se jacta de ser distinto. “Las nuevas bases de la nueva patria” que construyen los “protagonistas del cambio verdadero” se parecen tanto a las prácticas priistas que por décadas denunciaron, que no pueden engañarnos.

La cacareada epopeya terminó por ser más de lo mismo. 

Comentarios