La corrupción cobra factura en América Latina: FMI

AFP PHOTO / SAUL LOEB
- Publicidad -

El Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó que las consecuencias económicas y políticas de la corrupción han pasado factura a la región de América Latina y los ciudadanos están mostrando un creciente descontento y exigiendo que los gobiernos tomen medidas más enérgicas contra esta.

El FMI explicó que estudios anteriores han demostrados que la corrupción puede atrofiar el crecimiento sostenible e inclusivo.

Con la corrupción sistémica, la capacidad del Estado para cumplir sus funciones básicas se ve minada y los costos adquieren una importancia macroeconómica, a más corrupción mayor desigualdad.

Entre los costos están una mayor incertidumbre económica, menor inversión privada y extranjera, un menor suministro de bienes públicos, la distribución deficiente de talento y capital debido a incentivos distorsionados, niveles más altos de desconfianza en la sociedad y menor legitimidad del gobierno.

“Es difícil determinar estadísticamente el impacto exacto de la corrupción en el desarrollo. Según nuestras estimaciones ilustrativas, una mejoría podría elevar el ingreso per cápita aproximadamente 3 mil dólares en América Latina a mediano plazo, si bien parte de este aumento obedece  a la coincidencia de otros factores, como institucionales generales”.

Explicó que la corrupción es difícil de medir, pero diversos indicadores de percepción muestran una fuerte correlación entre sí y todos señalan que la situación en América Latina es más o menos similar a la de otras economías de mercados emergentes, pero mucho peor que la de las economías avanzadas. 

Detalló que los promedios regionales ocultan un amplio grado de variación entre los países, pues las percepciones de corrupción en algunos como Chile y Uruguay, son similares a las de economías avanzadas, pero curiosamente esos dos países tienen buenas calificaciones en los indicadores de institucionalidad y buen gobierno y presentan niveles de ingreso per cápita relativamente más altos.

Sin embargo en el resto de la región los resultados no son tan buenos   y las razones son en distinto grado, una deficiente aplicación de la ley, falta de transparencia  fiscal, burocracia, vacíos jurídicos y marcos contractuales deficientes de contratación e inversión pública y una mala  gestión de gobierno de las empresas estatales. Abundó en que la corrupción implica gastos ilícitos o favores y la forma en que éstos se distribuyen pero, explicó esta puede ocurrir de diferentes formas.

Puede darse en un nivel “elevado” o “político” y pude darse también a un “insignificante” nivel burocrático ya que cuando está tan generalizada y arraigada la conducta corrupta puede convertirse en la norma. 

Ante esto, dijo, los países necesitan políticas enérgicas que cambien la percepción de la sociedad para que la corrupción sea la excepción y no la regla, al bajarla los gobiernos podrán detectar más fácilmente a los que sigan siendo corruptos ya que se destacarán. 

Así añadió esa acción continúa acaparando los titulares en América Latina, desde los esquemas para ocultar activos revelados en los papeles de Panamá hasta los escándalos de Petrobras y Odebrecht que han trascendido las fronteras de Brasil, pasando por los ocho ex gobernadores de estados mexicanos que están enfrentando cargos o condenas. 

El FMI profundizó en el por qué sí los costos sociales de la corrupción son tan altos resulta tan difícil combatirla y derrotarla y concluyó que en todo tipo de interacción social, las percepciones y expectativas individuales son cruciales. 

Cuando la corrupción sistémica es la norma se cree que las otras personas están aceptando u ofreciendo sobornos. Ante esto, alejarse de lo ilícito es costoso desde el punto de vista del individuo.

Ese equilibrio nocivo se autoperpetúa porque las empresas y los políticos pueden coludirse. 

Con información de Milenio.

Comentarios