La batalla artificial

AFP PHOTO / LOIC VENANCE
- Publicidad -

Para los que nos dedicamos a vivir en las redes sociales, que no es lo mismo que vivir de ellas, nos hemos dado cuenta que la batalla digital que empezó en la campaña electoral, se ha agudizado, no solo en términos de polarización, también de toxicidad.

Twitter se ha convertido en una inocua batalla artificial, un plano paralelo por demás alejado de la realidad, del diálogo y con una distorsión provocada y magnificada por los dos grupos antagónicos, los que están a favor y los que están en contra de López Obrador.

Ambos bandos tienen estrategias de “viralización” para fortalecer sus mensajes y para neutralizar los del oponente, incluso para borrarlos del mapa; al mismo tiempo que se acusan mutuamente de tener esa estrategia con tal cinismo e hipocresía, como si los demás hubiéramos nacido ayer y no nos diéramos cuenta que sucede exactamente lo mismo con los detractores que con los defensores del Estado.

Cuando tienes una doble burbuja de acción, como un medio de referencia y contraste, para elevar el nivel de objetividad de tus opiniones, te das cuenta que el propósito fundamental de un instrumento como Twitter (la comunicación de mensajes instantáneos para generar información) se ha desvirtuado por completo.

La pluralidad de las opiniones se ha erosionado en el espacio cibernético, la información se ha concentrado en dos grandes monopolios: el Estado, con su producto único, las mañaneras de López Obrador junto con todos sus derivados -videos, declaraciones, tuits, ocurrencias y silencios- más el poder de difusión de sus redes, que también sirven para defender, justificar y atacar.

Por otro lado, están los detractores, que se dedican, sin darse cuenta, a replicar el mismo mensaje original -lo que duplica su cobertura-, con los señalamientos y críticas correspondientes, estos mensajes son amplificados con el poder de sus redes y con exactamente los mismos propósitos.

Los que no tenemos una agenda que corresponda a alguno de los dos monopolios y solo estamos interesados en consignar los hechos y hacer crítica constructiva, nos quedamos atrapados en el centro de su batalla diaria.

Más allá de esta guerra perversa en la nube, se encuentra el país y la democracia; definitivamente México necesita contrapesos, para la democracia son indispensables, los partidos de oposición necesitan terminar de madurar la dolorosa derrota que los ha puesto en dirección a un precipicio.

La “oposición” no reacciona, peor aún, siguen en terapia intensiva, con sus signos vitales en el nivel más bajo y habiendo escogido dirigir todos sus esfuerzos a dar la batalla artificial, es como elegir la puerta falsa del suicidio.

Al día de hoy, las calles solo tienen un protagonista, ese es López Obrador, el único dueño de la agenda política nacional; la sociedad que hoy sigue convencida que es su mejor opción, en realidad no tiene ninguna otra alternativa, porque nadie más ocupa ese espacio, a nadie más le ha interesado salir a rajarse el lomo, prefieren seguir siendo los grandes críticos y luchadores desde su teléfono inteligente, así de pequeños, así de inofensivos, pensando que en el 2021 se votará vía Twitter.

No cabe duda que la oposición, en este nuevo tablero político, sigue sin entender cómo se juega.

Comentarios