Kazuo Ishiguro: la escritura de la evocación

AFP PHOTO / Ben STANSALL
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La construcción de la narrativa basada en la memoria, parece ser uno de los temas de interés de Kazuo Ishiguro, un escritor japonés que a los 6 años se fue a vivir a Londres.

La amnesia, el recuerdo, y la nostalgia le sirven para contar historias, para plantearse de nuevo las grandes preguntas que el hombre se ha hecho en todas las épocas: el sentido de la vida, sus límites, la existencia del alma, el para qué y el cómo de la justicia. Su contar hace pensar. Lo obvio se disuelve. Sus historias emocionan porque llenan de dudas.

En “Los inconsolables”, la fama de un músico es menos memorable que su pasado, borroneado por la amnesia y los sueños.

“Cuando recordamos el pasado solemos hacerlo a partir del hallazgo en el presente de determinados elementos que se asemejan a cosas ya vividas. Tomé como modelo la forma en que soñamos”, ha dicho el escritor a Carlos Alfieri en una conversación estupenda.

En “Nunca me abandones”, la salud de una sociedad depende de una granja de clones que viven en una normalidad que confunde.

Un grupo de niños viven en un internado, donde la estricta educación, a la manera inglesa más que telón de fondo es mampara para esconder  el crecimiento de esa comunidad residual.

Poco a poco comprenden, que después de adolescentes no tendrán más futuro que el ser donantes; que su papel en el mundo con tantas similitudes con el nuestro es muy diferente, porque son seres desechables, la encarnación de esas bolsas que son el estandarte del progreso y que se desgarran con el viento en cualquier parte.

A Kathy, la protagonista que también es un clon, como sus amigos muertos la mantiene viva la memoria, el recuerdo de lo que fue, de lo que no está.

Dice Kazuo Ishiguro que los nuevos avances científicos son una gran oportunidad para que los escritores exploren por caminos inéditos sobre las viejas preguntas de la humanidad; para volver a hablar de la fugacidad de la vida desde otra perspectiva.

En “Nunca me abandones”, los protagonistas no tienen más pasado que el suyo, no arrastran el de sus padres, y sus vidas no corren peligro por una catástrofe nuclear, por ejemplo, sino porque así fueron programadas desde el principio.

La escritura desde el recuerdo, la evocación, la nostalgia, el sueño, seguramente nos seguirá sorprendiendo en la obra del nuevo Nobel Kazuo Ishiguro

 

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