José Luis Martínez, curador de libros

La exposición “José Luis Martínez, cien años” muestra, en la Biblioteca de México de la Ciudadela, manuscritos, cartas, fotografías y objetos personales procedentes del acervo de la biblioteca que lleva su nombre y del archivo personal, del ensayista, académico, historiador y diplomático. Notimex/Foto: Jessica Espinosa
- Publicidad -

Se vale acercar los libros a jóvenes y niños con best sellers, con textos ilustrados, con las famosas lecturas por edades que promocionan los vendedores de textos en las escuelas. 

Pero hace falta también otra figura en el mundo del libro que ayude a separar el grano de la paja.

Que nos ayude a distinguir en el bosque literario el quién es quién, porque en cuanto a libros se refiere, como decía Octavio Paz , los grandes escritores son grandes escritores y los imbéciles, imbéciles. 

No todo lo que se vende en librerías son buenos libros, como no toda la comida que se vende en el mercado es de igual calidad. Hay comida chatarra que sabe bien, por supuesto, pero que no alimenta y existen muchos libros con faltas de lenguaje desde sus primeras páginas, y ojalá solo fuera eso.

Siempre hacen falta curadores de libros, Ombudsman de los lectores. Lectores atentos que comenten y evalúen los textos y no solo los expliquen por la vida sexual de sus autores o por sus problemas de estreñimiento. 

Lo nuevo, lo novedoso en el terreno literario como en toda obra artística, no siempre se encuentra en lo último o en lo más reciente.

Muchas veces, una novedad editorial es la voz de un poeta perdido en la “Antología Griega” rescatado por un lector que sintió la misma emoción de un poeta muerto hace cientos de años por el vuelo furtivo de un pájaro al amanecer.

Muchas veces, los curadores de libros son algunos escritores como fueron el propio Octavio Paz, Sergio Pitol o Carlos Monsiváis que tradujeron autores importantes que no circulaban en nuestro idioma o escribieron sobre ellos para compartirnos sus razones de por qué convenía publicar, por ejemplo, a Milán Kundera, a Claude Lévi Strauss, a Susan Sontag o a esa maravilla que es “La estrella de madera” de Marcel Schwob.

José Luis Martínez, un contemporáneo de Juan José Arreola y jalisciense como él, se dio cuenta de muy joven que su incursión en la literatura no sería a través de la poesía como había imaginado. Solo publicó un pequeño volumen que da cuenta de ello: “Elegía por Melibea y otros poemas”.

Para fortuna nuestra, se dedicó a la crítica literaria. No me refiero a aquella práctica que ejercen cotidianamente decenas de comentadores de libros, sino a la que genera la lectura minuciosa de un texto, el seguimiento moroso de un autor, el oído atento capaz de percibir esa otra voz que solo tiene la buena literatura.

Desde joven, José Luis Martínez hizo de la crítica un trabajo de investigación de los textos literarios y de la historia. Por eso no me sorprende que ya maduro haya escrito uno de los mejores trabajos sobre Hernán Cortés y otro sobre Nezahualcóyotl. 

Muchas son su aportaciones sobre Justo Sierra, Ramón López Velarde, Ignacio Manuel Altamirano o Alfonso Reyes de quien hizo además de diversos ensayos una antología con algunos de sus textos y se encargó de la publicación de los últimos cuatro tomos del escritor regiomontano. 

Con el pretexto del centenario de su nacimiento convendría acercarnos a algunos de su ensayos como su monumental Hernán Cortés o sus estupendos textos sobre López Velarde.

Comentarios