Jefe de lobby de armas en EEUU rechaza leyes más estrictas para su compra

28 de abril e 2017.- El presidente Donald Trump recibe el aplauso de Wayne LaPierre. Foto: Scott Olson/Getty Images/AFP
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El jefe del poderoso lobby de armas de Estados Unidos desestimó el jueves los llamados a restricciones más estrictas a las armas, diciendo que eso no habría detenido los tiroteos masivos del fin de semana en Texas y Ohio.

Wayne LaPierre, jefe de la Asociación Nacional del Rifle (ANR), dio a entender que había hablado con el presidente estadounidense Donald Trump desde que ocurrieron las masacres consecutivas que dejaron 31 muertos.

“No estoy dispuesto a discutir (públicamente) conversaciones privadas con el presidente Trump u otros líderes clave sobre este tema”, dijo LaPierre en un comunicado.

“Pero puedo confirmar que la NRA se opone a cualquier legislación que infrinja injustamente los derechos de los ciudadanos respetuosos de la ley. La verdad inconveniente es esta: las propuestas que muchos discuten no habrían evitado las horribles tragedias en El Paso y Dayton”, aseguró.

Trump no ha reconocido públicamente ninguna conversación con LaPierre desde los tiroteos.

Pero The Washington Post, citando fuentes no identificadas, dijo que el jefe de la NRA advirtió al presidente en una llamada telefónica el martes contra respaldar verificaciones de antecedentes más estrictas. No estaba claro quién tuvo la iniciativa de llamar.

Después de los tiroteos masivos en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio, ha habido una amplia demanda de leyes más estrictas sobre armas de fuego.

El jueves, más de 200 alcaldes instaron al Senado de Estados Unidos a dar luz verde a una legislación, ya aprobada por la Cámara Baja, que requeriría una verificación de antecedentes para todas las compras de armas y regularía las ventas secundarias.

Y es que tras las masacres de El Paso, Texas, y Dayton, Ohio, el mandatario urgió el lunes a demócratas y republicanos a “unirse” para impulsar controles de antecedentes más estrictos para la compra de armas.

Pero horas después, Trump reiteró lo que muchos consideran un lema de la NRA.

“La enfermedad mental y el odio aprietan el gatillo, no las armas”, afirmó el presidente en un mensaje televisado, utilizando una muletilla de la NRA y los defensores de la venta libre de armas de fuego, que afirman que “las armas no matan a las personas, las personas matan a las personas”.

La NRA dio la “bienvenida” a ese mensaje presidencial.

Los demócratas reclaman desde hace mucho tiempo estrictos controles de antecedentes, pero los republicanos -y la NRA- se niegan sistemáticamente.

La NRA es uno de los grupos de presión más poderosos de Estados Unidos, y pese a una serie de crisis en los últimos meses, mantiene enorme influencia en el Capitolio.

En la primera mitad del año gastó 1.6 millones de dólares para cabildear contra un aumento de los controles de antecedentes de los compradores de armas, informó CNBC.

También apoyó la carrera electoral de Trump de 2016 con más de 30 millones de dólares, según monitoreos de fondos de campaña.

Entre 2000 y 2012, la NRA y sus aliados de la industria de armas volcaron 80 millones de dólares en campañas políticas, según el Center for Responsive Politics, que investiga ese tipo de aportes.

Pero la NRA sufrió últimamente algunos golpes, incluyendo la salida de su presidente Oliver North debido a disputas por los fastuosos gastos de la asociación y la renuncia la semana pasada de tres de sus directores.

Además, sus finanzas están complicadas: las contribuciones cayeron 21% -más de 26 millones de dólares- entre 2016 y 2017, según cifras de la propia organización.

Una auditoría obtenida por OpenSecrets señala que la NRA tuvo un déficit de 31.8 millones de dólares en 2017, tras un rojo de 14.8 millones el año anterior por su apoyo a la candidatura de Trump.

“Si alguna vez la NRA tuvo un punto débil, es ahora”, dijo el congresista republicano moderado Pete King al diario The Hill. “Están debilitados. Y todos nosotros, incluido el presidente, deberíamos aprovechar esa situación”.

Algunos republicanos comienzan lentamente a abogar por reformas en las leyes de armas.

El senador republicano Lindsey Graham anunció el lunes que corredacta un proyecto de ley para permitir a las agencias policiales requisar temporalmente armas de fuego a personas sospechosas de ser peligrosas para sí mismas o para terceros.

Pero la mayor parte del campo de Trump se mantiene en silencio respecto a aumentar los controles de antecedentes o prohibir la venta de fusiles de asalto, como los utilizados en las matanzas del fin de semana.

La Cámara de Representantes, liderada por los demócratas, aprobó un proyecto a comienzos de año para llenar vacíos legales que permiten ventas de armas en ferias o entre individuos sin verificación de antecedentes.

Pero el proyecto yace inerte en el Senado, donde el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, muy bien considerado por la NRA, se niega a someterlo al plenario.

Varios aspirantes a la candidatura demócrata para los comicios de 2020, incluidos el exvicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders, condenaron la inacción de McConnell y el aparente consentimiento del presidente.

Trump “decidió estar junto a la NRA, cuyos cabilderos y contribuciones de campaña controlan al Partido Republicano”, tuiteó Sanders.

McConnell dijo a última hora del lunes que asignó a tres senadores republicanos para buscar eventuales soluciones a los “recientes asesinatos en masa”, aunque su declaración llamó la atención por la falta de mención de las armas.

Tras la masacre de 2018 en Parkland, la secundaria de Florida donde murieron 17 personas, Trump rezongó al Congreso por permitir a la NRA ejercer un “gran poder” sobre ellos, y agregó: “Ellos tienen menos poder sobre mí”.

Pero tras una reunión a puertas cerradas con sus líderes, alineó su discurso con la NRA y advirtió que los derechos de los estadounidenses están “sitiados” por los demócratas, pues la tenencia de armas es un derecho constitucional.

(AFP)

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