Incongruencia mexicana, sinsentido nacional

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El anuncio del presidente Donald Trump sobre el despliegue de elementos de la Guardia Nacional de los Estados Unidos en la frontera con México, generó grandes críticas en contra del primer mandatario de ese país. Desde funcionarios del Pentágono hasta Mark Ruffalo, manifestaron la vergüenza que su presidente les ha hecho pasar con tan condenable acción.

En México, las reacciones no se hicieron esperar y hasta el presidente Peña Nieto salió a dar la cara. Raro en él, si consideramos que durante todo el sexenio y, sobre todo, desde que arrancó la renegociación del TLCAN, permaneció sumiso a los intereses del vecino del norte.

La aparición del mandatario mexicano en televisión sorprendió, sobre todo porque su discurso fue “diferente”. Algunos medios de comunicación (chayoteros en su mayoría), incluso afirmaron que fue “el mejor discurso” del jefe del Ejecutivo federal, ya que arrancó ese sentimiento patriotero de la sociedad mexicana, es decir, no patriótico ya que, de haber sido así, le habrían demandado una explicación al presidente por su oportunismo político al usar la defensa del país como mecanismo de salvación de su fallido sexenio y de su candidato que nada más no levanta en las encuestas.

Aunado a lo anterior, la deplorable decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación avalando la candidatura de Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, se suma a la estela de incongruencias del gobierno en turno. En una controvertida votación donde cuatro de los siete magistrados aprobaron que un candidato que falsificó miles de credenciales pudiera contender por la Presidencia de la República.

Bajo el argumento de que el debido proceso había sido vulnerado y que, en consecuencia, había que aplicar el principio de máxima protección a la persona, los magistrados Felipe Fuentes Barrera, José Luis Vargas Valdez, Mónica Aralí Soto Fregoso e Indalfer Infante Gonzales, votaron a favor de mantener en la boleta electoral a “El Bronco”, aseverando que existían elementos de prueba para pensar que “podría” haber alcanzado el número de firmas para obtener su registro. Es decir, el hecho de que falsificara firmas (como Margarita), fue irrelevante.

¿Cómo se atreven a decir estos cuatro infames funcionarios que en todo momento salvaguardaron los estándares internacionales de derechos humanos, cuando con esta decisión se encuentran legitimando la impunidad? No cabe duda que de derechos humanos los cuatro magistrados aludidos no saben nada, son meros simuladores del derecho.

Es la incongruencia la que hoy, por desgracia, permea en la función pública mexicana y la cual confunde a la población. Tras el discurso del presidente Peña, las redes sociales se inundaron de alabanzas y expresiones de apoyo, una muestra inequívoca de la memoria a corto plazo de la sociedad mexicana. Bastaron unos cuantos minutos de hipocresía del primer mandatario en cadena nacional, para que se les olvidara a gran parte de la población los escándalos de corrupción que rodean la gestión del presidente.

Esa incongruencia, generalizada en los gobernantes, es la que verdaderamente constituye un peligro para México. Hoy, no existe una institución tan falta de credibilidad como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y no solo por lo de “El Bronco” sino que, por segunda ocasión, fue esta institución la que legitimó actos delincuenciales ¿o acaso legalizar el robo de la elección de Coahuila ya se nos olvidó?

La congruencia de nuestros funcionarios es la excepción a la regla, ya que debería ser lo que permeara en la mayoría de estos. Es de celebrar en consecuencia el actuar congruente de los magistrados Reyes Rodríguez Mondragón, Janine Otálora Malassis y Felipe de la Mata Pizaña, quienes demostraron que entienden que el actuar de un juez radica en la independencia de sus razonamientos y no en la burda vendimia de sus resoluciones.

Y es que esa incongruencia, hoy, también ha secuestrado al pluripartidismo nacional. ¿O acaso las alianzas que hoy contienden en los comicios no son muestra de ello? La izquierda y la derecha, militando hombro con hombro bajo el falaz argumento de los “gobiernos de coalición”. Es como si Luther King y Hitler volvieran de entre los muertos y formaran una ONG, en verdad inverosímil, un auténtico sinsentido nacional.

Traición a la patria es lo que cometieron Peña Nieto y los cuatro magistrados que avalaron la candidatura de “El Bronco”, usar al país y a sus instituciones con fines electorales es simplemente una bajeza, y es que a México no se le defiende por interés electoral, se le debe defender por orgullo y congruencia nacional. En la antigüedad, a los traidores se les castigaba con la muerte, ¿por qué no entonces darles muerte civil a estos vende patrias por atentar contra nuestra nación?

Bien decía Simón Bolívar que nada era tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder, ya que el pueblo se acostumbraba a obedecerle y el ciudadano se acostumbraba a mandarlo, originando la usurpación y la tiranía. Y tenía razón, pareciera ser que en México se ha normalizado la usurpación de instituciones, llegando al grado de que un candidato se asuma como independiente, aunque lo abandere el partido más viejo y rancio del país y lo acompañe la camarilla más enlodazada de la política mexicana, de nueva cuenta, la incongruencia institucionalizada.

¿Dónde está la desobediencia civil? ¿Acaso la desgracia nacional que hoy se vive, no es suficiente como para que la insurgencia popular se haga presente? Que el hartazgo popular por el fallido gobierno del PRI no haya emprendido todavía acciones de resistencia, es la mayor de las incongruencias. ¿Será que somos víctimas de nuestra propia circunstancia? Esperemos que no.

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