El Grito de López Obrador

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El sábado 14 de septiembre, López Obrador hizo lo que acostumbra: marcar la agenda, la pública y la política, un día antes de lo que sería su primer Grito de Independencia como presidente de la República, publicando en sus redes sociales una espléndida foto del Zócalo autoría de Santiago Arau, con el siguiente provocador texto:

“Quise menos o más pero ya decidí que serán, por las circunstancias y por imprescindibles, veinte ¡vivas! para mañana por la noche”.

Aunque no hay un protocolo realmente establecido, regularmente los gritos de independencia de los presidentes anteriores incluían:

Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad.
Viva Hidalgo.
Viva Morelos.
Viva Josefa Ortiz de Domínguez.
Viva Allende.
Viva Aldama.
Viva Galeana.
Viva Matamoros.
Viva Guerrero.
Viva la Independencia nacional.
Viva México.

El hecho de anunciar que serían veinte vivas alimentó la hoguera de un fuego lleno de expectativas, incertidumbre, dudas, descalificaciones, envidia y odio.

Como el del expresidente Felipe Calderón que publicó:

“¿Para qué distorsionar la tradición del Grito, una ceremonia que nos une a todos los mexicanos? ¿se trata de hacer que también eso nos divida? ¿en serio ya se creen epopeya que se echarán vivas a sí mismos? ¿habrá un viva Bartlett? ¿o, viva el crimen organizado, que también es pueblo?

Su impotencia y ansiedad, lo hizo caer en su propia trampa.

La noche del 15 de septiembre, ante un Zócalo abarrotado, Andrés Manuel, con plena convicción, solemne, sincero y con una emoción desbordada, dio su primer Grito de Independencia:

“Mexicanas, mexicanos viva la Independencia, viva Miguel Hidalgo y Costilla, viva José María Morelos y Pavón, viva Josefa Ortiz de Domínguez, viva Ignacio Allende, viva Leona Vicario, vivan las madres y los padres de nuestra patria, vivan los héroes anónimos, viva el heroico pueblo de México, vivan las comunidades indígenas, viva la libertad, viva la justicia, viva la democracia, viva nuestra soberanía, viva la fraternidad universal, viva la paz, viva la grandeza cultural de México; viva México, viva México, viva México”.

Millones de mexicanos vibraron al son de las palabras, del repicar de las campanas y de los fuegos artificiales.

Las redes sociales se transformaron y muy pocas voces criticaron a López Obrador, el mensaje había sido claro, sobrio, emocionante, pero, sobre todo, había sido finalmente, incluyente.

Aunque hubo personajes, como el expresidente Vicente Fox, que no entendió absolutamente nada y arengó:

“Que solito y poca cosa se veía López en el balcón de palacio. Lo que hace la soberbia y el poder, un palacio para el solito. Triste figura, nadie que lo acompañe”.

Del primer Grito de Independencia, no hay nada que regatear; fue una muestra amplia y contundente de que las encuestas de aprobación de López Obrador no están equivocadas.

Sin embargo, el ejercicio del poder y su desgaste natural, no conocen de fechas históricas, por lo que el presidente no se puede dar el lujo de seguir poniendo en juego su valioso capital político en temas trascendentales como la seguridad y la desaceleración económica, que aún no presentan ningún rasgo de mejoría y que, de seguir así, el panorama político y social, tendría otros tintes completamente distintos.

Tampoco en solapar, si así resulta ser el caso, a personajes como Manuel Bartlett, que ya ha sido juzgado por la historia y que no merecería una tercera oportunidad, pues la segunda lo puso de manera pragmática al frente de la CFE, a pesar de la sorpresa y el rechazo abierto de propios y extraños.

Hoy, por ejemplo, pocos seguirán pensando en el Grito de Independencia del domingo, la gran mayoría estaremos pensando en el luto nacional por los terremotos.

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