Gabinete ilustrado

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Este texto probablemente sea uno de los más cortos de este espacio, tal vez porque está basado en un “meme” que refleja una realidad inobjetable, o porque su único objetivo es hacer un llamado a la congruencia, a la rectificación para cerrarle el paso al fantasma de la derecha ultranacionalista que inevitablemente -así ha sucedido históricamente- arriba después de un gobierno de izquierda ineficiente.

Me he cansado de afirmar que el liderazgo de López Obrador y su capacidad de tener un diagnóstico certero de la situación del país, después de recorrerlo una y otra vez durante doce años, fue lo que le permitió tener un triunfo arrollador en las elecciones de hace un año.

Su capacidad de convocatoria en la plaza pública y su comunicación política penetraron en las entrañas de una sociedad que ya no podía más.

Sus objetivos eran tan claros y sus demandas tan legítimas que muchos nos volcamos a construir una campaña brutal para acabar con la corrupción, con la impunidad y el desmantelamiento de los grupos privilegiados del poder, a su lado y con él como líder.

En lo personal, sigo respaldando el proyecto de la “Cuarta Transformación”, el objetivo supremo de López Obrador, sin embargo, aunque reconozco que es una tarea titánica, que sin duda lleva tiempo, porque los obstáculos han sido inimaginables, es tiempo de hacer un alto y replantear.

Si algo he criticado desde antes de que asumiera el poder, ha sido el hecho de no ocuparse del pasado, de parecer tolerante y mantener la impunidad de los actos de corrupción de los últimos sexenios, particularmente del último; yo no lo considero una pérdida de tiempo, al contrario, lo considero fundamental para el cambio de régimen que él mismo plantea.

Sin embargo, la mayor encrucijada de esta administración ya no es esa; la gestión de gobierno de un país requiere a grandes perfiles al frente de cada rubro, que retroalimenten al presidente de la realidad en que vivimos y de las alternativas “viables” para salir adelante.

El papel de un presidente es ineludible, debe recibir la información, escucharla, procesarla, y tomar las mejores decisiones, sabiendo que tiene a los mejores hombres o mujeres en cada una de las áreas estratégicas que conforman la administración pública, no a los más fieles, a los más capaces.

A López Obrador le acomoda, le gusta y es experto en jugar de tercera base en el béisbol, eso no significa que pueda, o sea el mejor, en las otras ocho posiciones que se requieren para formar el equipo.

Él es un líder nato, lo ha demostrado y lo sigue haciendo, no obstante, es indispensable que tenga un gabinete legal y ampliado que cumpla con las expectativas y que no se dediquen a darle la hora que quiera el presidente; al contrario, necesitan de manera firme señalar los errores y Andrés Manuel tiene que escuchar la voz experta, le guste o le desagrade, si los designa por eficiencia y experiencia, en lugar de solo por lealtad, hará toda la diferencia.

La transformación de un país implica tiempos violentos y muy complejos, el capitán del barco es esencial, pero sin marineros expertos, se puede naufragar.

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