Futbol y discriminación

El futbol es sin lugar a dudas el fenómeno de masas que más dinero mueve en el mundo y se desarrolla con independencia de ideologías o sistemas políticos.

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En los últimos años se ha venido desarrollando un fenómeno a todas luces reprobable en el ámbito de los deportes masivos, especialmente del futbol, que sin duda es el que más espectadores atrae en todo el mundo y el que también más pasiones desata.

El futbol es sin lugar a dudas el fenómeno de masas que más dinero mueve en el mundo y se desarrolla con independencia de ideologías o sistemas políticos.

Se sigue a través de todos los medios de comunicación y se juega a todos los niveles, desde los ambientes más humildes, en calles y canchas improvisadas, hasta en las mejores universidades y en los estadios y campos más lujosos y sofisticados.

A nivel profesional, desata y desborda emociones de todo tipo e involucra a los sectores sociales más disímbolos de prácticamente todos los países del orbe.

Partiendo del principio incuestionable de que, cualquier clase de expresión discriminatoria u ofensiva en el marco de un espectáculo deportivo debe ser prohibida y eventualmente sancionada, resulta de interés analizar el fenómeno del ya famoso grito de “eh…. puto”, que la afición mexicana ha popularizado tanto dentro como fuera del país, cuando se trata de distraer al portero del equipo rival en el momento en que éste despeja el balón.

Se ha discutido mucho sobre si el famoso grito tiene connotaciones homofóbicas que pudieran ser insultantes o discriminatorias, o si simplemente es producto de la característica picardía de muchos sectores de nuestra sociedad, que le añaden un elemento divertido al hecho mismo de presenciar un encuentro en vivo, pero que en realidad no pretende ofender ni discriminar a nadie.

Sabemos que la palabra puto, puede tener en nuestro lenguaje coloquial diversos significados si bien el más común es el que hace referencia despectiva a un homosexual del sexo masculino, es cierto también que en algunos estados del país, especialmente en el sureste, señala a aquel hombre promiscuo que tiene muchas parejas sexuales o a aquel que realiza comercio sexual con su cuerpo.

En otros ámbitos, -desde luego no en los más refinados-, la palabra hace referencia a la cobardía o la falta de determinación.

Debiera ser el campo de la filología, en donde se desentrañase realmente el alcance del término y si realmente debiéramos considerarlo como un adjetivo con un contenido necesariamente ofensivo o discriminatorio.

Por lo pronto la FIFA, máximo órgano regulador de este deporte a nivel mundial ha sancionado ya en varias ocasiones a la Federación Mexicana de Futbol imponiéndole multas estratosféricas por no controlar estas expresiones populares durante varios partidos internacionales.

Para la Copa Confederaciones que se juega actualmente en Rusia, así como para los siguientes partidos internacionales en los que México participe incluyendo el Campeonato Mundial del próximo año, la FIFA ha facultado a los árbitros para inclusive suspender un encuentro, si estas expresiones no se controlan y desaparecen.

La razón expuesta para ello, es que, como máximo órgano rector del futbol, debe procurar que el deporte sea un foro de tolerancia y respeto, donde el racismo, la homofobia y cualquier otra forma de discriminación no tengan cabida alguna.

Lo curioso y ciertamente contradictorio del caso, es que la propia FIFA ha elegido a Rusia y a Qatar, como sedes de las Copas Mundiales para el 2018 y el 2022 respectivamente. En ambos países la homosexualidad es castigada por la ley y cualquier expresión pública en favor de ésta es sancionada. En Qatar inclusive es penada como un delito que se castiga con la cárcel.

A la hora de determinar qué países serían la sede de tan importantes eventos, a la FIFA ciertamente no le importó nada el que en pleno siglo XXI subsistieran políticas públicas a tal grado discriminatorias.

El principal criterio fue desde luego el económico, por lo que no deja de sonar hipócrita el que ahora se rasguen las vestiduras ante los gritos de los aficionados, que en mi particular opinión no se dan necesariamente ni en todos los casos en un contexto como el que las autoridades futbolísticas han interpretado y sancionado, aunque tampoco deban ser cobijadas ni aplaudidas.

En México y en gran parte de América Latina, el lenguaje coloquial no conlleva en todos los casos una carga ofensiva. Así sucede con el albur, que ha sido motivo de sesudas y profundas investigaciones académicas y antropológicas.

Otro ejemplo clásico y muy estudiado es el que supone el uso de las decenas de acepciones que derivan de la palabra chingar, que lo mismo es verbo que sustantivo o adjetivo y que de la excelsitud que supone lo chingón se decanta hasta lo despreciable que es una chingadera.

El tema no debiera pues ser causa de tanto agobio ni de consecuencias tan graves. Hay otros más preocupantes y sin duda uno de ellos es la corrupción que también ha llegado a afectar a las grandes corporaciones deportivas como la propia FIFA y a sus integrantes y cuya erradicación también deberían procurar de inmediato.

Aquí nos vemos, yo voy Derecho…

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