Frankenstein, el espejo de tinta

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El símbolo del monstruo es el del guardián de lo oculto. Por eso un dragón custodia el tesoro de las Hespérides, Cancerbero la puerta del Hades, y el Minotauro el centro del laberinto.

Como sea, lo deforme, lo caótico, lo tenebroso atrae y da repulsa.

Por eso el Chupacabras ocupó durante meses importantes espacios periodísticos  en el año 2000, pese a no encontrarse evidencia alguna de su existencia. El morbo por conocer al monstruo sólo sirvió para ganar audiencias y lectores en la plaza pública.

Pero frente a esos monstruos invisibles existen otros que han ensanchado el imaginario colectivo de manera sorprendente.

A Guillermo del Toro debemos algunos de los monstruos contemporáneos más admirables: El Fauno de “El laberinto…”, Hellboy y el que aparece en “La forma del agua”.

Se trata de nuevas versiones de algunos de los viejos mitos: del fauno de los antiguos romanos, del minotauro griego y de los tritones y sirenas que hace unos meses Discovery Channel quiso desprender del mito tratando de documentar su existencia con un grupo de científicos marinos.

En estos días que tanto se habla de inteligencia artificial, convendría acercarnos al monstruo nacido hace dos siglos, que representa la vida más allá de la vida gracias a la ciencia.

Me refiero al “Frankenstein” de Mary Shelley. Si la novela surgió como un divertimento en una tertulia con Lord Byron, con el tiempo se convirtió, quizá sin proponérselo, en la crítica más radical contra la intolerancia para los diferentes que conozco, y en una de las reflexiones más profundas sobre el uso irracional de la ciencia.

En Frankenstein lo diferente es la maldad. Lo malo es lo no semejante a nosotros. La maldad del Monstruo creado en el laboratorio del Dr. Frankenstein, no llegó con él, con su fealdad, sino la hizo con minucia su entorno: los hombres que lo agarraron a palos y le lanzaron piedras, los que dispararon contra él por encarnar sus más profundos miedos.

“Frankenstein o el moderno Prometeo” es el eterno inmigrante para los supremacistas blancos, el que viene de no sé dónde, el que quiere quién sabe qué. El que debemos eliminar porque no es como nosotros. El que combate Donald Trump o el legendario Hitler.

¿Y qué decir del Dr. Frankenstein? ¿Es más monstruosa su pasión  por crear vida de la materia inerte, que la de quienes pretenden prolongar la vida, así no se le parezca?

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