El francotirador de Palacio Nacional, de Ignacio Gómez-Palacio

"La justicia no es meta, es camino"

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El francotirador de Palacio Nacional es una novela y es una crónica, un ejercicio arriesgado pero bastante afortunado.

Escrito por Ignacio Gómez-Palacio quien en esta obra combinó su profesión como abogado y su pasión por la literatura.

En entrevista, comenta que tardó tiempo en encontrar una editorial que estuviera dispuesta a publicar una novela y a la vez, la crónica sobre el inicio del movimiento de la reforma judicial para establecer los juicios orales en México, ya que le argumentaban que son dos géneros diferentes, y hay un público distinto para cada uno.

He viajado por todo el mundo, y veía yo el funcionamiento del sistema de justicia en países desarrollados, pero viendo nuestro sistema penal, que era un sistema secreto, en que el juez de manera increíble, no conocía a las víctimas, nunca veía a los testigos, nunca veía a los acusados, simplemente era un dictaminador en un expediente que crecía y crecía conforme sus gentes le iban pasando los resultados de audiencia tras audiencia.

Ante ese escenario, decidí echar a andar en México los juicios orales, lo cual fue temerario en el sentido de que había que cambiar el sistema de justicia en México.

Entonces eche a andar el Instituto Mexicano para la Justicia, donde fui su primer presidente, y después han surgido una serie de organizaciones de la sociedad civil que conformaron la red de los juicios orales.

Llegamos al momento de la modificación de la Constitución y posteriormente de su implementación a partir de junio de 2016.

Es importante ver cómo se desarrolla un juicio oral, pero dentro de una trama, (como sucede en El francotirador de Palacio Nacional) pues es imposible pedirle a la gente que se ponga a estudiar el Código de Procedimientos Penales, el cual no entendería, pues se necesita una preparación de jurista, para poderlo entender.

Recientemente, a raíz de un incidente en mi vecindario, tuve la oportunidad de presenciar en un juzgado de control (en el Estado de México), una sala de audiencias adecuada, espaciosa, con el juez al centro, en un asiento elevado donde presidió la audiencia, cada una de las partes en los costados, con sus abogados, y los acusados en una cabina con micrófono, y un equipo electrónico grabando el acto.

Además de las butacas de público acojinadas y cómodas, y una solemnidad para la justicia, algo que siempre he pedido, porque la justicia es solemne, no puedes dar misa en el patio de tu casa, pues se requiere de bóvedas altas, es decir, la solemnidad de un templo, y en cierta medida la justicia también.

Ver a una jueza dirigirse a las partes con admirable propiedad, que les dio oportunidad de presentar sus pruebas, preguntando a los acusados si habían comprendido tal o cual aseveración y sobre todo viéndolos pupila a pupila, eso es muy importante.

Entonces, estos son los primeros pasos de la justicia, que al ver el caso, casi se me salen las lágrimas al ver a la juez ya educada en el sistema, las víctimas demostrando valentía y coraje.

La juez dejándoles ver a los acusados que no son culpables sino hasta que se demuestre que los son, pues su inocencia se presume.

Entonces el juicio se lleva a cabo en unas seis o ocho horas, a diferencia de uno o dos años, necesitamos adoptar este sistema.

Desde el punto de vista económico, es más caro el sistema judicial mexicano que el norteamericano, cuando ellos tienen tres veces más población y son muy litigantes.

(Al recordar su lucha por implementar el sistema de juicios orales) En algún momento un presidente de la Suprema Corte de Justicia, me dijo ‘usted lo que quiere es que nosotros veamos a los criminales, ¿usted sabe el riesgo que es eso?’. Le dije, señor, si usted es juez, renuncie si no quiere esto.

Yo soy un escritor que lleva 25 años, haciendo novelas, libros de cuentos y poemas, pero en virtud de mi relación al haber iniciado el movimiento de los juicios orales en el país, inmediatamente se me unieron varias personas, no digo que yo fui el que lo hizo, sino fue toda una red de organizaciones de la sociedad civil, pero estoy imbuido en el tema, entonces mi necesidad literaria, mi necesidad de escribir que siempre la he tenido me impulso a hacer El francotirador del Palacio Nacional.

Lamentablemente, en México nunca hemos tenido justicia, desde la época prehispánica, y en siglos posteriores, nunca hemos tenido justicia, parece que es un bien que no necesitamos, lo cual es increíble.

Los procuradores de los estados y el procurador federal, los designan los gobernadores o el presidente de la República, y hay un viejo dicho que dice, que un ministerio público no le niega un vaso de agua, ni una orden de aprehensión a un buen amigo.

Entonces los gobernadores y el presidente lo han venido utilizando como arma política.

Es importante que la ciudadanía se acerque a esta falta de justicia, a esta incultura en la justicia y empiece a razonar el tema, y de ahí mi necesidad de escribir El francotirador de Palacio Nacional.

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