Femapalooza, show de mujeres para mujeres

AFP PHOTO / Noemi CASSANELLI
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“A las mujeres no les gusta llevar tanga […] estoy segura de que un hombre lo inventó”. Desternillándose de risa, un público de unas treinta mujeres en la India disfruta de los ‘sketches’ de humoristas femeninas, un espacio de liberación de la palabra en esta sociedad patriarcal. 

No hay ni un hombre en estas representaciones reservadas para las mujeres, ni en el público, ni en el escenario ni tampoco entre los vendedores de entradas, en una edición reciente del espectáculo Femapalooza, en un estudio en Nueva Delhi.

“La energía en la habitación es diferente”, cuenta a la AFP Priya Elias, una exabogada y humorista en ciernes. “Siempre se dice que las mujeres no son divertidas y eso no es verdad en absoluto”. 

Durante los tres últimos años, Femapalooza ha organizado más de 35 representaciones en diferentes ciudades de India. Para su fundadora, Jeeya Sethi, el humor femenino les ofrece una bocanada de aire en este país profundamente conservador y dominado por los hombres. 

“El monólogo consiste en no tener límites. Cuando hay mujeres a tu alrededor, puedes decir de todo y que no te juzguen”, explica Jeeya Sethi. “Los hombres solo hablan de hombres, [del primer ministro] Modi y de la masturbación, o bien hacen bromas sexistas”, lamenta la cómica. 

Los defensores de los derechos de las mujeres llevan años luchando para que ellas tengan más acceso a los espacios públicos y a los lugares de representaciones en India, además, que les brinde seguridad, en un país cuyos casos de violación suelen llenar los titulares de todo el mundo. 

En los últimos años se han celebrado varios espectáculos humorísticos de este tipo en Bombay y Bangalore, como “Leddis Night”, organizado por la revista en línea Ladies Finger, y “Digust Me”, de la humorista Sumukhi Suresh, muy aplaudidos. 

En el espectáculo Femapalooza de Nueva Delhi, 13 artistas de entre 17 y 37 años, algunas principiantes, otras con más experiencia, van pasando por el escenario en una pequeña sala con las persianas bajadas. Todas las bromas sobre mujeres son acogidas con buen humor por parte del público.

Naomi Barton, que se ha subido al escenario por primera vez, afirma sentirse cómoda al actuar para una audiencia exclusivamente femenina. Ni rastro de esa presión por gustar al género masculino. 

“Cuando hablo de mi síndrome premenstrual y de cómo afecta a mi salud mental, metiéndome en situaciones de lo más grotescas, una mujer lo entiende”, explica esta responsable de una gran editorial. 

Como en muchos países, para hablar en público de la regla o de sexualidad se recurre a un buen número de eufemismos. Un grupo de adolescentes se sonroja cuando Jeeya Sethi les preguntan si han entendido su broma sobre el “juguete de habitación”. 

Y de repente, aparece Aditi Mittal, una de las pocas mujeres que ha conseguido hacerse un hueco en la escena humorística india. 

Según dice a la AFP, estas funciones 100% femeninas le gustan especialmente. 

“Muchos hombres creen que hacemos monólogos únicamente porque buscamos atención desesperadamente […] Algunos incluso nos dicen : ‘¿acaso tus senos no llaman ya bastante la atención?'”, comenta la humorista, la primera en India en tener un programa dedicado en Netflix.

El humor en India podría asemejarse a una cacería reservada únicamente para los hombres, concede el artista Rohan Joshi, miembro de la compañía popular All India Bakchod. “Vivimos en una cultura en la que desde hace años la opinión de las mujeres no se ha valorado. [Este prejuicio] ocupa un lugar central en la comedia”, dice. 

Gracias al boca a oreja, el público de Femapalooza ha ido creciendo.

Sin embargo, según la opinión de los espectadores, las representaciones todavía podrían ser mejores. “Es un concepto nuevo pero no había más que algunas actuaciones interesantes”, señala Deepshikha Singh, profesional de la comunicación, en el show de Nueva Delhi. “Muchas hacían eso por primera vez”. 

Y cuando la velada termina, padres y esposos esperan en el exterior del club para llevar a las espectadoras a casa, a una rutina diaria mucho menos risueña. 

(Ruchika Chitravanshi/AFP)

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