Felipe Calderón, tratando de saciar su sed

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Desde el momento en que Margarita Zavala intentaba por todos los medios ser la candidata del PAN a la Presidencia de la República, yo afirmé que la única forma viable que tenía para lograr esa candidatura era divorciándose del expresidente Felipe Calderón, de lo contrario, sin menospreciar su individualidad o capacidad, ante la opinión pública parecería una simulación para regresar al poder por parte de Calderón Hinojosa.

Desde ese fallido intento dentro de Acción Nacional y pasando por las firmas falsas para ser candidata independiente, a la que renunció por la polémica de su acceso y por la claridad del fracaso, mantuve mi punto de vista.

Sin embargo, el escenario de hoy es completamente distinto; el proceso para obtener el registro como partido político de la organización México Libre, por parte de la expareja presidencial, ejerciendo plenamente sus derechos, nos deja ver claramente que el velo y el disfraz se ha convertido en el más amplio cinismo.

Los deseos de Felipe Calderón por tener en sus manos nuevamente el poder, aunque él no sea el presidente, son evidentes.

El golpeteo político diario desde su cuenta de Twitter, probablemente desde la comodidad de un mullido sillón, exhibiéndose y en ocasiones hasta dejándose exhibir, y apoyando los posicionamientos de los que en algún momento llegaron a ser sus acérrimos enemigos, es algo que ya no puede resistir, que no tiene forma de controlar, a menos que se encuentre en China y tenga restringido el uso de la plataforma. Esa semana que se abstuvo de participar en la arena política, incluso fue notorio, las aguas estaban más calmas.

La asociación del inicio de la violencia en México con Felipe Calderón no es obra de la casualidad, son los datos duros de muertes y sangre derramada que han quedado inscritos en la historia.

Durante su primer año de gobierno (2007) hubo 8,867 homicidios, sin embargo, la implementación de su estrategia para combatir al narcotráfico arrojó para el año 2008 un cambio dramático en la tendencia pasando a 14,006 homicidios; en 2009 a 19,803; 2010 se rompió otra barrera con 25,757; en 2011 pasó a 27,213 y para cerrar el sexenio a diciembre de 2012 con 25,967 homicidios, dando un total de 121,613 casos y un promedio de 20,269 anuales durante su mandato, lo que significó un aumento de 102% con respecto al sexenio anterior.

¿Por qué querer ostentar el poder nuevamente, si la huella más palpable que tiene la sociedad es que él es el responsable de habernos sumido en esta guerra que parece interminable?

Podría ser patológico y me recuerda estas líneas, aunque desconozco la autoría:

No se puede matar y permanecer inmutable. El hombre que mata es como un animal que prueba la sangre, quiere saciar su sed, y puede que nunca lo vuelva a hacer, pero en su mente quedará esa sensación, ese recuerdo. Sabrá y conocerá la sencillez del acto, recordará esa euforia, esa adrenalina, sexualidad que acompaña al hecho y que fue recompensado o que nunca lo descubrieron”.

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