El fantasma de las “tribus”, ¿reaparece en Morena?

Fotos: cuartoscuro.com
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En una elección interna celebrada el lunes pasado, en una urna transparente, los legisladores de Morena depositaron sus votos para elegir al nuevo presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República y estos se inclinaron por la senadora tabasqueña Mónica Fernández, su adversario, Martí Batres, actual presidente del órgano legislativo, que buscaba su reelección, al no lograrla, acusó al coordinador de la bancada, Ricardo Monreal, de manipular el proceso.

Su argumento central fue que de último momento permitió que participaran los senadores del Partido Encuentro Social (PES), aunque no estaba planteado así en la convocatoria.

Desde su punto de vista, Ricardo Monreal había ensombrecido el proceso y por lo tanto no avalaba los resultados del ejercicio, agregando que el coordinador de la bancada se había exhibido “como un político faccioso incapaz de encabezar un amplio movimiento” con un alto riesgo de regresar a las épocas del cacicazgo y el poder de un sólo individuo”, añadió el experredista, quien también dijo que, en caso dado, debió considerarse el voto de los senadores del Partido del Trabajo (PT).

En las mismas declaraciones se adhirió a la opinión de que Monreal es un factor de división en Morena, “le hace mucho daño a nuestro movimiento”, agregó.

Al calor de la coyuntura, la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, lamentó los resultados de la elección en la Cámara Alta y afirmó que era vergonzoso que dentro de Morena se hagan maniobras para que en una reunión interna del Grupo Parlamentario llamen a votar al PES y no llamen a votar al PT, escribió la controvertida lideresa.

La opinión de Ricardo Monreal se limitó a aclarar que “en política, las decisiones que se toman suscitan controversia y hasta polarización”, aunque aclarando que en su grupo parlamentario se había votado en plena libertad, comprendía las reacciones y las descalificaciones, y, a pesar de que las consideraba injustas, pretendía seguir actuando con tolerancia y altura de miras.

Al día siguiente, el presidente Andrés Manuel López Obrador opinó en su conferencia matutina sobre el conflicto por el relevo de Martí Batres como presidente de la Mesa Directiva del órgano legislativo:

“Ya acabó el tiempo de estar pensando solo en sacar provecho; de que la política es para intereses personales, por legítimos que sean. Ya no ayudan quienes solo piensan en sus intereses personales, tiene que haber mística y entrega total a la causa pública. No son los cargos lo que debe de importar sino la contribución a los cambios, en este caso a la transformación del país.

“El político que solo está pensando en cómo colarse no tiene futuro porque el pueblo ya es otro; el pueblo sabe quién habla con la verdad, quién tiene buenos sentimientos y se preocupa por ayudarlos y quién es un trepador, un oportunista, un politiquero”, añadió.

La declaración del Ejecutivo federal fue un potente misil, con un mensaje claro, aunque el nombre del destinatario estuviera velado; horas más tarde el propio Ricardo Monreal, adelantó que el próximo 29 de agosto se reunirían con el presidente López Obrador, aunque pusiera de pretexto la reunión plenaria del grupo parlamentario, ofreció disculpas por los dimes y diretes con Batres Guadarrama calificándolos como “desencuentros normales” y aseguró que no se sentía aludido por las palabras del mandatario.

Más allá de la probable impugnación con la que amagó Martí Batres; la ventilación de todos los puñales por la espalda; el colmillo largo y retorcido de Ricardo Monreal, que ya era por todos conocido; la pluralidad de las ideas como en cualquier partido político; salió a relucir, de manera temprana en mi opinión, el síntoma que ha provocado el hartazgo ciudadano, la lucha del poder con el único objetivo de ostentarlo.

Las pugnas internas en Morena para acceder a cotos de poder, van en ascenso, en los últimos meses hay tres ejemplos claros: la candidatura para la elección extraordinaria en Puebla, donde Yeidckol Polevnsky impuso su criterio al postular a Miguel Barbosa; la renovación de su dirigencia nacional, aún en proceso, en la que la actual dirigente que pretende reelegirse ya ha hecho rudos señalamientos en contra del coordinador de los diputados y su más férreo oponente, Mario Delgado; y ahora este por el control del Senado.

Morena, aunque sea desagradable, necesita reconocer que tiene genes perredistas, y uno de los motivos para que el PRD esté en peligro de extinción fue su fragmentación derivada de las pugnas internas por el poder; en un inicio le llamaban distintas corrientes de opinión, pluralidad que enriquecía; con el tiempo se convirtieron en tribus, capaces de ejercer actos violentos y cuyos líderes luchaban para repartirse las posiciones de poder y el botín, hoy solo les quedan deudas, y podrían perder su registro en 2021.

Cuidado, que el fantasma de las “tribus” se asoma por la ventana de la casa guinda.

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