Estrategias paralelas

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En innumerables ocasiones he mencionado en este espacio que los dos grandes retos a los que se enfrentaría la administración de López Obrador serían la situación económica y la de la violencia generalizada; ambos retos se han convertido a lo largo de estos catorce meses en los dos problemas medulares de su gobierno.

La contabilización mensual, semanal, e incluso de los fines de semana, de los asesinatos, ha acaparado las ocho columnas de los diarios, de los portales digitales y de las redes sociales, una y otra vez; el haber concluido el año 2019 como el más violento de la historia, aunque sea como consecuencia de la espiral de violencia que venimos arrastrando desde 2006 con la guerra antinarcóticos de Felipe Calderón, y a pesar de que hoy sabemos que era parte de una estrategia de negocios, es una herencia maldita, sin embargo, catorce meses después hay una responsabilidad implícita e innegable que requiere un cambio y evolución de la narrativa, acompañado de un addendum a la estrategia.

Durante los últimos días la violencia ha generado el punto más álgido, hasta el momento, de indignación de la sociedad, como consecuencia del hartazgo ante el fenómeno de los feminicidios que durante 2019 le costo la vida a más de 3 mil 800 mujeres y niñas.

La brutalidad y la saña con la que fueron perpetrados los crímenes y la insensibilidad, en primera instancia de las autoridades competentes y del Presidente, así como de algunos medios de comunicación que revictimizaron a las víctimas, penetraron las fibras más sensibles de los que aún nos consideramos humanos.

El problema más grande que tiene el Presidente López Obrador, no es relacionar los feminicidios con el grado de descomposición social que produjo el modelo neoliberal, eso podrá ser verdad, sin embargo, es la falta de empatía y una estrategia a corto plazo para frenar las masacres, mientras ataca los orígenes de la tragedia, lo que lo tiene en el escrutinio público.

No me queda la menor duda de que se tiene que restituir el tejido social, esa debe de ser la estrategia a largo plazo; sin embargo, eso no es impedimento para establecer una estrategia paralela que implemente acciones concretas de contención.

Los feminicidios deben ser considerados actos de violencia extrema y de alto impacto, que requieren acciones emergentes y precisas, empezando por entender el fenómeno

El tema de los feminicidios ha llegado al límite, más allá del oportunismo que algunos pretendan perpetrar, más allá de la amnesia de otros, del cinismo o del descaro, más allá de cualquier circunstancia, o será imposible de detener.

El tema de los feminicidios no permite ocurrencias, todos los días entre diez y once mujeres son asesinadas, como para intentar tipificar ese crimen específico como un agravante de homicidio por la complejidad de su comprobación.

Los feminicidios deben de afrontarse con una estrategia clara, con la legislación correcta y con una política pública eficaz; la violencia de género existe y se agrava, las mujeres asesinadas no pueden ser acumuladas sólo como parte de una estadística.

El pasado hay que juzgarlo, sin miramientos; pero eso obliga a asumir la responsabilidad del presente.

Es cuanto, señor Presidente.

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