ESTE FRENTE APESTA A FALACIA POLÍTICA

Me refiero fundamentalmente a la afirmación ampliamente reiterada por Ricardo Anaya, Jesús Ortega, Graco Ramírez y otros de que el frente generará el “cambio de régimen político” que México, según sus personales intereses, necesita.

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Sin tapujos, el intento de formar un Frente Amplio Democrático para la elección presidencial de 2018 protagonizado por las burocracias partidistas del PAN y del PRD es un recurso electoral del status quo para hipotéticamente sumar fuerzas y ganar presencia en la opinión, tratando de disminuir las posibilidades de que Morena pueda ganar la elección presidencial.

Pero este ardid, por lo demás válido en la lucha electoral por el poder, ha sido envuelto en argumentos seudo académicos que resultan auténticas falacias políticas que conviene poner en claro.

Me refiero fundamentalmente a la afirmación ampliamente reiterada por Ricardo Anaya, Jesús Ortega, Graco Ramírez y otros de que el frente generará el “cambio de régimen político” que México, según sus personales intereses, necesita.

¿Cambio de régimen político?

Que yo sepa en las democracias representativas contemporáneas solo hay tres tipos de régimen: sistema presidencial de división de poderes con pesos y contrapesos, basado en la elección separada del ejecutivo y del legislativo; sistema parlamentario, de fusión entre el ejecutivo y el legislativo, en el que únicamente se elige popularmente al legislativo y a partir del resultado un partido o, en caso de no haber mayoría absoluta dos o más partidos eligen al gobierno, y el llamado sistema semi presidencial en el que se eligen por separado ambas ramas, pero el poder ejecutivo se divide entre el Jefe del Estado y el Jefe de Gobierno o de la administración.

¿Realmente creen los promotores del Frente que con un Presidente de la República, electo con el apoyo de dos o más partidos políticamente significativos, que llegaran a formar mayoría van a cambiar el régimen presidencial?

De hecho, si llegasen a tener éxito sucedería lo contrario. En caso de llegar a lograr la mayoría que suponen, en realidad le darían una buena fortalecida al régimen presidencialista.

Su gran idea, más que evitar la concentración personal del poder que dicen querer, la facilitaría y con ello, se volvería a desdibujar la división de poderes, y se debilitarían los mecanismos de pesos y contrapesos que, ciertamente con altibajos, más o menos hemos tenido desde 1997.

La falacia está en decir que buscan el cambio de régimen sin siquiera esbozar una mínima propuesta de cambio en las reglas esenciales de organización y funcionamiento del sistema presidencial, es decir, intentar algo diferente con lo mismo.

Por lo que respecta al “gobierno de coalición” que dicen que formarían, basta con decir que por el carácter unipersonal del poder ejecutivo las coaliciones son   ajenas al sistema presidencial.

Pueden resultar convenientes en determinadas circunstancias, pero en virtud de la independencia que la elección popular le da al ejecutivo y el carácter unipersonal de este cargo no son imperativas o indispensables. Frecuentemente son efímeras y, ojo, su funcionamiento depende en forma determinante de la personalidad y capacidad de liderazgo de quien las encabeza. De manera que si lo que supuestamente quieren es evitar personalismos, tampoco es el camino.

Ignacio Marván Laborde

[email protected] , @Marxvan51

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