Escenas de nuestros desperfectos

Ecatzingo, Estado de México, 22 de septiembre. Personal de la Cruz Roja, Ejército Mexicano y brigadas de voluntarios comenzaron a repartir las primeras despensas con víveres para los afectados del sismo que se registró el pasado 19 de Septiembre. Foto: Saúl López/Cuartoscuro.com
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LOS DESALMADOS

Escena 1: Es el 19 de septiembre, en la Ciudad de México, después del terremoto. Los teléfonos funcionan mal y la gente ha salido a la calle para volver a casa, para buscar a sus amores, para abrazarse, para enfrentar juntos la tragedia. Pero el río de coches impide la circulación. En las zonas de mayores ingresos se aglutinan vehículos de lujo, manejados por integrantes de las clases altas. Esa oportunidad es tomada por un grupo de asaltantes que coche a coche, amagando con violencia, toma las prendas y el dinero. No hay policía ni forma alguna de evitar esos asaltos.

Escena 2: Algunos edificios tuvieron que ser desalojados de emergencia. No llegaron a caerse, pero es imposible estar en ellos. Cabe la posibilidad de que una réplica acabe por derrumbarlos por completo. Muchos de sus habitantes tuvieron que renunciar a rescatar sus pertenencias y apenas lograron sacar lo indispensable para pasar la noche. En algunos de esos edificios hay comercios que quedaron mal parados. Agotados por la desesperación y por la falta de medios para afrontar la pérdida, vecinos y comerciantes buscan refugio entre los suyos o en los albergues preparados por las autoridades. Al volver, se enteran que durante la noche y en medio del caos urbano, un grupo de rateros desafiaron a la ingeniería y se metieron a saquear. Por la mañana descubren que la naturaleza les quitó la casa, pero otras personas se quedaron con sus cosas.

Escena 3: Un camión lleno de víveres avanza hacia Oaxaca con las aportaciones de un centro de acopio. Cientos de personas llevaron lo que tuvieron a la mano o lo que pudieron comprar con el dinero que nunca les sobró. Se reunieron despensas completas con alimentos enlatados, agua, medicamentos, mantas, toallas, pañales, jabones. Antes de llegar al centro de distribución, un vehículo particular los detiene en medio de la nada y tres individuos armados golpean al chofer y a los dos jóvenes que lo acompañan con la esperanza de ayudar a la gente de aquella entidad. Los dejan mal heridos en medio de la carretera y se llevan el camión.

Escena 4: Dos coches con un grupo de ocho brigadistas intentan llegar a Atlixco, donde el terremoto causó daños muy severos. Esos jóvenes han comprendido que hacer algo en la Ciudad de México es inútil, gracias a la generosidad de los miles de personas que se han movilizado para aportar manos, fuerza física, voluntad y aliento. Por eso deciden salir a los pueblos aledaños a la capital, donde casi no ha llegado nadie. Para distinguirse, han colocado banderas rojas en sus coches y una manta que anuncia sus propósitos. Sin embargo, antes de llegar a su destino otro vehículo les obliga a detenerse. Quizás se resistieron o quizás solo fueron víctimas del odio. Pero los jóvenes son asesinados y, ellas, antes, violadas por sus victimarios.

Escena 5: Tras la tragedia, se reciben apoyos financieros de muy diversos lugares del planeta, de personajes célebres, de personas comunes y corrientes que depositan sus dineros para contribuir a la reconstrucción. Muchos empresarios se organizan, llevados por la buena fe, para aportar algo de lo que México les ha entregado con generosidad. Pero nadie sabe a ciencia cierta cómo organizarlo, hacia dónde dirigir esos dineros, cómo planear el proceso de reconstrucción. En cambio, los gobiernos hacen cuentas para salir del paso, mientras las constructoras y los intermediarios pugnan por ejercerlo con toda libertad, se avizora uno de los mayores negocios del sexenio. Los codiciosos del poder se niegan a poner todo en un solo fondo de reconstrucción, dirigido y vigilado por expertos y por la sociedad. Se niegan a perder esta oportunidad para ganar votos y dinero.

No importa: las elecciones son en julio y el sexenio termina el año que entra. Ya después veremos.

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